A los nuevos diputados: cumplan con la ley

Nayib Bukele logró su tan ansiado deseo: acumular más poder a su antojo.

Desde el 1° de mayo, el presidente tendrá bajo su control a la Asamblea Legislativa. Y entonces, podrá aprobar, reformar o derogar leyes, aprobar préstamos y elegir a los funcionarios que se supone son designados para controlar y hacer balance a su gestión, como la Corte de Cuentas, el Fiscal General, el Procurador de Derechos Humanos, magistrados a la Corte Suprema de Justicia, Tribunal de Ética, y todos los que él quiera.

El presidente que prometió pasar a la intrascendencia a “los mismos de siempre” y que exigió en sus consignas de campaña “devolver lo robado” y “hacer historia”, no tiene excusas ni nadie que lo frene.

El mandatario tiene la tan anhelada gobernabilidad que cualquier líder desde la presidencia desearía. De un día a otro, la dinámica cambia de estar ante una legislatura recalcitrante a otra subordinada.

En una democracia sólida y estable que un presidente se agencie el apoyo mayoritario del legislativo representa un escenario ideal para la ejecución inmediata de su plan de gobierno y los beneficios que eso representa para la población. Es el mejor contexto para las reformas estructurales que necesita la República.

Desgraciadamente, los hechos que anteceden a la acumulación de más poder para el gobierno del presidente Bukele nos conducen a más dudas que certezas.

Si bien, el gobierno de Nuevas Ideas ha sido exitoso en proyectar, representar y sostener en el tiempo el descontento ciudadano hacia la corrupción, la impunidad y las incapacidades de las administraciones de Arena y el FMLN. No ha sido capaz de presentar públicamente un plan de gobierno o cualquier plan con objetivos, cronogramas, indicadores y costos claros.

La administración Bukele nos mantiene en incertidumbre, porque ha decidido no rendir cuentas de su trabajo, neutralizar los controles institucionales, tolerar el hostigamiento a la prensa y se ha comportado como un todopoderoso al que nadie puede cuestionar.

Entonces, ¿por qué es incierto el futuro de la nueva Asamblea?

Porque ahora puede legalizar arbitrariedades, sin mayor control ni reparo. Porque se enmarca en un contexto de puentes de diálogo dinamitados, con amplias brechas de desconfianza con los actores críticos, sin importar su relevancia. Porque se parece cada vez más a una administración orientada a caprichos y propaganda que a una con resultados.

Las y los diputados que asumen este 1° de mayo deben recordar que si bien, en su mayoría, fueron electos para respaldar legalmente las decisiones del gobierno, se deben a los intereses de la población, aunque eso vaya, en ocasiones, contra las decisiones de su presidente.

El llamado a la nueva legislatura es al discernimiento, la deliberación y el argumento razonable, y el periodismo estará ahí para recordárselos, porque ustedes prometieron ser diferentes y es el momento de demostrarlo.

Cumplir la ley es lo que se les pide y es lo que se les demandará de hoy en adelante.

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