De la esperanza a la locura: abordaje del COVID-19 por el Estado salvadoreño

Por Iván Solano Leiva

El pasado 16 de enero, conmemoramos el trigésimo aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz, el cual puso fin a un conflicto armado que cobró la vida de muchos salvadoreños y estableció las bases para la refundación de un nuevo país. Producto de estos acuerdos, surge la Comisión de la Verdad para El Salvador, cuyos integrantes fueron designados por el secretario general de las Naciones Unidas, para investigar las más graves violaciones a los derechos humanos ocurridas durante este conflicto bélico. Dicha Comisión, publicó el 15 de marzo de 1993 el informe denominado «De la locura a la esperanza: la guerra de 12 años en El Salvador».

Introduzco este hecho histórico, para hacer una analogía con el abordaje que el Estado salvadoreño ha hecho del COVID-19 que, desde ‘mi verdad’, la pudiera llamar “De la esperanza a la locura”. A continuación, paso a detallar los fundamentos que sostienen lo recién afirmado.

Esperanza fue el sentimiento generalizado que experimentó el gremio médico previo al 18 de marzo de 2020 cuando, por primera vez en muchas décadas, altas autoridades del Minsal (Ministerio de Salud) llegaron a las instalaciones del Colegio Médico a compartir sus planes de prevención y contención del COVID-19, con diferentes filiales académicas, abiertas a dialogar y a escuchar las observaciones planteadas y dispuestas a sumar estas a los planes elaborados por técnicos del Minsal. Como gremio, siempre hemos reconocido que dichas medidas implementadas fueron exitosas para retrasar la llegada del virus a nuestro país, lo cual permitió que el sistema de salud se preparara de una mejor manera.

Sin embargo, con la detección del primer caso de COVID-19 en nuestro territorio, un estado de locura se apoderó del Ejecutivo salvadoreño y, por ende, de las autoridades del Minsal, quienes comenzaron a aplicar una serie de medidas de salud pública basadas en “ocurrencias” y no en evidencia científica.

Cuando la comunidad académica salvadoreña buscó entender las razones de este giro, nos encontramos con que el presidente de la República, asesorado por un grupo de venezolanos expertos en marketing político, decide hacer un manejo político-partidario-electorero de un problema de salud pública, sustituyendo a los epidemiólogos y salubristas del Minsal que habían diseñado los planes de prevención y contención del COVID-19. Es este hecho puntual el que dinamitó el puente de diálogo que existía entre el Colegio Médico y el Minsal; ya que, como gremial científica que somos, no podíamos apoyar las medidas dictadas por los “expertos venezolanos”.

Entre las medidas implementadas podemos traer a cuenta las siguientes: el cierre total del país, la duración de 30 días de cuarentena o aislamiento, la creación de centros de contención; los tamizajes comunitarios aleatorios, sin tomar en cuenta criterios epidemiológicos; la baja capacidad de testeo con pruebas diagnósticas de COVID-19 y el acceso restringido a estas para la mayoría de la población; la construcción de cabinas de vacunación, la centralización de los centros de vacunación, la distribución de un kit de tratamiento que no funciona contra el COVID-19, el intento de querer vacunar a niños con formulaciones diseñadas para adultos, el subregistro masivo de los casos y muertes provocadas por el virus, la declaración de “información reservada” de todo lo concerniente al manejo de la pandemia por las autoridades gubernamentales, entre otras; y lo más reciente: ocultar, de parte del ministro de Salud, la circulación de la variante Ómicron desde finales del año pasado en nuestro país.

Dicho esto, y ante la realidad actual en que nos encontramos -cuarto repunte explosivo de casos-, se vuelve imperativo dar un giro radical al manejo de la pandemia en nuestro país, que es tomar medidas de salud pública basadas en evidencia científica y no en cálculos políticos-partidarios-electoreros.

Por lo anterior, es que nuevamente proponemos la creación de una Comisión Nacional conformada por técnicos del Minsal y técnicos nacionales de la comunidad académica, que pase a liderear la respuesta nacional contra la COVID-19, y sea la encargada de llevarnos nuevamente “de la locura a la esperanza”.

Termino parafraseando al poeta y filósofo español, Jorge Ruiz de Santayana: pueblo que olvida su historia, está condenado a repetirla.


Iván Solano Leiva. Es doctor en Medicina Interna e Infectólogo Adultos. Miembro del Comité Asesor de Prácticas de Inmunización (CAPI). Participa en el Observatorio Covid-19 del Colegio Médico de El Salvador.

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