La guerra que terminó dividiendo a la derecha, al Ejército y la izquierda


Por: Maryelos Cea

La guerra que en 1969 enfrentó a El Salvador con Honduras tiene raíces en fenómenos aún vigentes en el país, como el crecimiento poblacional, la escasez de tierra y la necesidad de migrar en búsqueda de mejores condiciones de vida. También generó consecuencias que influyeron incluso en la antesala del propio conflicto armado salvadoreño y perduran hoy en día, concluyeron los historiadores Carlos Pérez Pineda y Gregorio López Bernal.

A diferencia de otros historiadores, Pérez sitúa el origen de la guerra con Honduras en la tierra. En las décadas de los 50 y 60, El Salvador estaba en proceso de modernizar su economía, desplazando a la agricultura de subsistencia por una destinada a satisfacer la demanda de la industria y las exportaciones. Pero esta transición, afirmó, careció de dos reformas claves: la agraria y la fiscal.

Aunque en esa época se crearon instituciones para apoyar a los productores, “la agricultura capitalista moderna continuaba expulsando a campesinos de sus lotes de subsistencia”, señaló en FOCOS. Sin recursos para sobrevivir, estos campesinos migraron a Honduras y se asentaron de facto en tierras ejidales y baldías, así como lo habían hecho hondureños, añadió.

López indicó que a la sustitución de tierras para subsistencia por unas destinadas a cultivos de exportación, se sumó el crecimiento poblacional. “Eso creaba una presión muy fuerte sobre los campesinos (…) que no encontraban un modo de vida suficiente en la agricultura de la exportación”, afirmó.

Honduras también tenía una competencia por la tierra y muchas veces era violenta, explicó Pérez, con enfrentamientos entre campesinos y pistoleros de los grandes ganaderos, organizados en la Federación Nacional de Agricultores y Ganaderos de Honduras (FENAGH), una gremial clave en este conflicto por su alianza con la cúpula de la fuerza armada de ese país y del Partido Nacional.

Fue la Federación quien denunció a quienes tomaron estas tierras, llamándolos invasores y usurpadores, una campaña que coincidió con la negativa de Honduras a prorrogar un tratado migratorio firmado con El Salvador, que había vencido en enero de 1969, agregó.

La expulsión de salvadoreños fue el primer efecto de este conflicto por la tierra, un fenómeno que inició antes de la llamada “guerra de las 100 horas” y que sirvió de argumento para que el Ejército salvadoreño atacara a Honduras el 14 de julio de 1969, dijo López.

No obstante, esta operación militar no paró las expulsiones y siguieron ocurriendo después de la guerra y a pesar de la presencia en Honduras de la Organización de Estados Americanos (OEA), quien fungió como mediadora para detener el conflicto entre ambas naciones. Para 1972, se estima que la cifra de expulsados llegó a 130,000, indicó Pérez, y estos salvadoreños aumentaron la presión social en el país, pues volvían empobrecidos a una nación que tenía problemas con la tenencia de tierra, señaló López.

LA GUERRA QUE DIVIDIÓ AL PAÍS

La guerra con Honduras provocó rupturas en la derecha, la izquierda y el Ejército mismo, señalaron los historiadores en FOCOS. En aquel momento, las fuerzas armadas salvadoreñas lograron un respaldo masivo a sus operaciones en Honduras, pero ese apoyo no dejó de ser cuestionado en diversos espectros políticos.

“La guerra con Honduras, paradójicamente, genera un ambiente de unidad en el momento de la guerra, pero inmediatamente después se divide la derecha, el PCN deja de ser el partido de confianza de los terratenientes, se divide la izquierda y también se divide el Ejército”, indicó López.

Los militares ya estaban divididos por la fallida reforma agraria apoyada por el Ejército. Ese primer congreso de reforma agraria fracasó porque la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) se retiró el primer día, explicó Pérez Pineda. El general Sánchez Hernández propuso “su reforma agraria democrática”, pero termina cediendo “ante los grandes grupos de poder económico y retira su propuesta”, indicó. “Esos grupos están descontentos y son los que conducen después a la división del Ejército”, añadió.

El PDC abandonó el Frente de Unidad Nacional, constituido en junio de 1969 por el Gobierno y los partidos de oposición. El viejo PCN, que era el partido de los militares, acusa de traición a la Democracia Cristiana. “Eso se lo cobra el votante, en marzo de 1970, porque las elecciones son un desastre para el Partido Demócrata Cristiano”, indicó Pérez.

Mientras tanto, el Partido Comunista (PC) también estaba dividido por el apoyo al Ejército en la operación militar contra Honduras, explicó López. El principal opositor al respaldo para las fuerzas armadas fue Cayetano Carpio, quien en ese momento ya estaba decidido a apoyar una salida armada a la crisis social que vivía el país. En enero de 1970 se retira del PC y para abril ya había fundado las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí (FPL).

“Eso tendrá consecuencias serias para la historia del país, porque es el primer grupo (las FPL) que definitivamente adopta la lucha armada como medio de propiciar los cambios en el país. En el 72 va a surgir el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), que también proviene de una división. En el ERP hay gente que ha estado en la Democracia Cristiana”, subrayó.

Las huellas de la guerra aún perduran en el país, como los constantes reclamos de Honduras por la entrada y salida desde el Golfo de Fonseca al Océano Pacífico y sus demandas por que se aplique el fallo de La Haya, que en 1992 le cedió más de 400 kilómetros cuadrados que pertenecían a El Salvador.

Pérez consideró que “ha faltado mayor involucramiento” para resolver esta disputa, que también involucra a Nicaragua. “Los Gobiernos anteriores hicieron muy poco – no puedo decir que no hicieron nada – en torno a este problema, que es un problema, entiendo yo por la opinión de los expertos, muy grave”, pues Honduras ya ha amenazado con abrirse camino en el Golfo con sus aviones F5, señaló.

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