Manuela: Los estereotipos machistas de la justicia salvadoreña quedaron en evidencia

Por Keyla Cáceres

Hace unas semanas el Estado salvadoreño fue condenado por criminalizar las emergencias obstétricas, específicamente por el caso de Manuela, una mujer condenada a 30 años de cárcel tras sufrir una pérdida y que murió esposada a una cama de hospital. La sentencia es histórica, en primera porque pone en evidencia la violación a derechos humanos a partir de de la penalización absoluta el aborto, pero me parece fundamental hablar de algo más que la sentencia rescata: la imposición de la maternidad a las mujeres como algo natural, propio de un sistema machista y patriarcal. 

“Sabía de su embarazo y que este era producto de una infidelidad, pues era casada; por lo que teniendo capacidad de elección entre tenerlo, cuidarlo, alimentarlo y vivir por él como naturalmente lo haría cualquier madre biológica optó por un comportamiento contrario a la naturaleza misma (…)”. Este es un fragmento de los hechos descritos por la justicia salvadoreña. Como vemos no se juzga con argumentos jurídicos, sino con estereotipos machistas y patriarcales. 

El instinto materno no existe. Las mujeres no nacemos con un chip interno para cuidar y ser madres. Esto es parte de un constructo social que está basado en un sistema patriarcal, donde a las mujeres se nos asignan roles y estereotipos de género relacionados al cuidado, a maternar, procurar la familia, etc. 

Este constructo es validado por la sociedad a través de sus diferentes aparatos ideologizadores: la familia, en la que desde muy pequeñas se nos asigna cuidar hermanitos; la escuela, donde los juegos están basados en estos roles: la mamá cuida al bebé, el papá se va a trabajar; los medios de comunicación y la publicidad que nos venden la maternidad como la experiencia de nuestra vida, pero sobre todo como el camino que debemos seguir para la plenitud total y nos disciplina para que no hagamos lo contrario. 

Y entonces leeremos titulares como: madre abandona a sus hijos, algo que no sucede a menudo, pero jamás será noticia el abandono de los padres que es muy común en nuestro país. ¿Por qué? Sí, se llama patriarcado. 

En El Salvador a las mujeres se nos ve como incubadoras y cuando no cumplimos con ese mandato patriarcal entonces se nos juzga, criminaliza y en casos como el de Manuela también se nos deja morir. Esto queda manifiesto en la resolución donde se expresa que la investigación contra Manuela se vio impulsada por los prejuicios de los investigadores en contra de Manuela por no cumplir con el estereotipo de ser una madre abnegada que debe siempre lograr la protección de sus hijos.

Por eso es fundamental cuestionar lo aprendido. Y la tarea es más deconstruir que otra cosa. En este punto es necesario aclarar que como feministas estamos a favor de las maternidades elegidas y deseadas. Pero estamos en desacuerdo con la imposición y, más aún, con las leyes que buscan mantener un sistema de opresión para las mujeres, como la actual, que penaliza de manera absoluta la interrupción del embarazo. 

La sentencia en el caso de Manuela pone en evidencia la necesidad de cambiar las leyes obsoletas como la salvadoreña, en las que se sigue legislando con base en estereotipos de género y con el fin de mantener un sistema patriarcal que va en detrimento de la libre elección de la maternidad para las mujeres. Pero no de todas; sobre todo de las empobrecidas. Porque como lo han planteado algunas teóricas feministas: parimos la mano de obra barata que sostiene al sistema capitalista.  

Por eso, se nos roba el derecho a tener proyectos de vida, a tener sueños, la aspiración misma de ser tratadas como seres humanas, como le sucedió a Manuela, pues para el sistema judicial nosotras estamos por debajo del “instinto materno”.

Y esto desvaloriza a las mujeres que hemos decidido no ser madres. Cuando cumplí 25 años me esterelicé por medio del sistema de salud privado, porque aunque no existe legislación alguna que niegue esta prestación de salud, el personal médico del sistema público considera que mínimamente se debe parir un hijo para ser candidata a este servicio. Esta práctica se vuelve más grave cuando se trata de una menor de edad y tiene un hije: no es apta porque se considera que aún no estás preparada para tomar esa decisión; es lo que le dijeron a mi hermana de 15 años. 

Entonces, en este país no tenemos derecho a decidir a no ser madre porque te cierran la puerta con la moral del personal de salud y con la penalización absoluta del aborto, aún cuando has sido violada, en situaciones donde no podés decir me voy a proteger para no salir embarazada.

El constructo social es antiguo y está respaldado por instituciones creíbles, en las que pasamos nuestra vida. Recuerdo que en la escuela en varias ocasiones nos repetían en la materia de Valores Morales que las mujeres estudiamos para saber cómo ayudar a nuestras hijas e hijos, porque es lo que íbamos a ser después del bachillerato.  

Esta práctica se mantiene hasta la fecha porque no existe una ley que obligue al personal docente y administrativo a integrar en el plan de estudio de la materia de Educación Integral de Sexualidad. Sin este contenido vamos a seguir replicando historias como la de Manuela, una mujer a la que el Estado salvadoreño mató por ser pobre, una mujer que no podía tener sueños más que ser una madre abnegada.

El reto que les dejo es que tomemos el caso de Manuela como la oportunidad de cambiar como sociedad salvadoreña, dejemos de imponer las maternidades a través de chistes, juegos y nuestras opiniones desinformadas con base en estereotipos. Exijamos leyes que no violenten la libre decisión de las mujeres, paremos de condenar socialmente a las niñas que buscan un proyecto de vida, felicitemos a las madres por decisión y abracemos a las que por esta ley las obligaron a ser madres. 

A las que como yo decidieron no ser madres hablemos libremente de esta decisión, digamos sin miedo que no somos menos mujeres. Posicionemos que somos mujeres que tomamos una decisión y eso no es un delito, es derecho y debe ser universal, no para unas pocas si no para todas las salvadoreñas que así lo deseen.


Keyla Cáceres es egresada de la Licenciatura en Historia de la Universidad de El Salvador. Posee estudios en Derechos Humanos, prevención de la violencia contra las mujeres y comunicación política. Es una activista feminista y defensora de derechos de las niñas, mujeres y las juventudes. Se especializa en incidencia parlamentaria y organización comunitaria de mujeres, jóvenes y adolescentes. Actualmente es militante en la colectiva de mujeres jóvenes artistas y feminista Amorales.

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