Bolivia, ¿un golpe de Estado?

La renuncia de Evo Morales a la presidencia de Bolivia ha generado posturas encontradas sobre si lo que ocurrió fue un golpe de Estado o una decisión personal del ahora mandatario.

El 20 de octubre, Morales se reelegió por tercera vez como presidente de Bolivia. Los ciudadanos salieron a las calles para protestar en contra de un supuesto fraude y a estas manifestaciones también se sumaron los policías. Un informe de la Organización de Estados Americanos (OEA) luego confirmó la existencia de irregularidades en los comicios y tras conocerse este documento, Morales anunció que renovaría el tribunal electoral y convocaría a nuevas elecciones. Pero el 10 de noviembre, el jefe del Ejército, Williams Kaliman, le sugirió a Morales que renunciara. Minutos después, Evo dejó su cargo.

Edgar Jiménez Cabrera, doctor en Ciencias Políticas, explicó a FOCOS las versiones sobre este hecho que ha dejado al país suramericano en una crisis institucional sin precedentes.

“Sobre eso hay distintas posturas. La primera es que fue un autogolpe; la segunda es que fue un golpe de Estado debido a la sugerencia del Ejército para que renuncie Evo Morales, porque según el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, el pueblo no podía reprimir al pueblo. El otro argumento es que no hubo ni autogolpe ni golpe de Estado, sino una decisión personal del presidente, ante las anomalías detectadas en el último proceso electoral”, indicó Jiménez.

El politólogo consideró que ante cualquiera de esas perspectivas, lo recomendable es que se realice una nueva convocatoria a elecciones, para otorgar legitimidad al proceso de votaciones. Esto ayudaría a disminuir la efervescencia popular que fue producida por un malestar de la clase media, explicó.

El experto aseguró que, aunque durante el gobierno de Morales se alcanzaron muchos logros sociales y económicos, hubo mucha inconformidad por la intención del presidente de continuar reeligiéndose, a pesar de que un referendo popular realizado en 2016 le había negado esa posibilidad.

BOLIVIA SIN EVO

Jiménez estimó que, a pesar de las críticas de ilegitimidad contra quien se declaró presidenta interina de Bolivia, la senadora opositora Jeanine Áñez, la salida de Morales y la renuncia de varios funcionarios del gabinete, así como del presidente del Senado y la Cámara de Diputados, dejaron un vacío de poder que debía ser llenado por alguien.

De cualquier modo, señaló el analista, la nueva mandataria solo cuenta con un periodo de 90 días para preparar el nuevo proceso electoral en condiciones democráticas y transparentes. En ese mismo tiempo, el MAS, el partido de Evo Morales deberá rediseñarse para competir en la contienda.

“La concentración de poder por parte de Evo no permitió la formación de otros líderes que pudieran asumir el liderazgo del MAS en un futuro inmediato (…). Y creo que la derecha ha entendido este vacío de liderazgo y está formando jóvenes y estos jóvenes están presentes en la palestra”, señaló. 

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