Chile: el problema no es el aumento al pasaje, si no la desigualdad

Lo que comenzó como una protesta de colegiales por el aumento al transporte público, se convirtió rápidamente en un estallido social sin precedentes en los últimos 30 años de democracia en Chile. 

Tras una semana de protestas, las manifestaciones de descontento popular se han extendido por todo el país, pese a la represión de las fuerzas estatales, que han dejado un saldo de más de una docena de muertos y por lo menos 1,000 heridos. 

Patricio Zamorano, codirector del Consejo de Asuntos Hemisféricos (Coha, en inglés), explicó a FOCOS que la causa de esta revuelta social va más allá del incremento al pasaje del transporte público, y tiene sus raíces en el modelo político y económico que fundó la democracia chilena, tras el fin de la dictadura de Augusto Pinochet. 

“No es solamente este incremento de la tarifa del transporte público (…). Este es solamente un símbolo de un sistema político y económico que es extremadamente regresivo y muy injusto, que es demasiado neoliberal, que no tiene muchas de las prestaciones sociales que la población chilena quiere y necesita”, indica Zamorano.

El experto señala que el estallido de frustración de la población chilena tiene que ver con los niveles de desigualdad socioeconómica que se han ido profundizando cada vez más en el país. Chile es el séptimo país con mayores índices de desigualdad a nivel mundial, según un reporte del Banco Mundial.

“Chile está alimentado económicamente por un mito en sus cifras macroeconómicas, pero eso no significa que las gran mayoría tenga un ingreso importante. Un 70 % de los chilenos gana menos de $700 al mes, un 50 % gana menos de $500 dólares, y solo en transporte público se puede gastar entre $60 y $120 por mes”, explicó.

De acuerdo con Zamorano, el 1% de población más rica se queda con un 25 % de la riqueza del país, y un 25 % se queda con el 70 % de la riqueza.

“Pero más allá de eso es el sistema político de Chile, que es extremadamente privatizado; la salud es privada, la educación, las pensiones. Entonces, el rango de beneficio social que se puede esperar del Estado es muy limitado. Esta violencia y estas protestas y este estallido social un poco demuestra esa frustración que ya se viene recopilando por décadas”, dice el experto.

UN SISTEMA POLÍTICO EN CONTRA

La semana pasada, el Gobierno de Sebastián Piñera suspendió el aumento y dijo que convocará a una mesa de diálogo con distintos actores sociales para resolver la crisis. Sin embargo, Zamorano cree que, hasta que no exista voluntad para reformar por completo la estructura macroeconómica del país, el descontento no cesará. 

“Al término de la dictadura (los gobiernos) no han sido capaces de reformar un problema estructural en Chile, que tiene que ver con un problema tributario. Las empresas en Chile y los grandes grupos corporativos tienen formas legales para que en la mayoría de los casos no pagar impuestos, entonces han logrado que esta estructura financiera y macroeconómica se mantenga incólume”, señala. 

Zamorano advierte que la clase política chilena está cooptada por los poderes económicos, comenzando por el propio presidente.  “Piñera no es una solución, hay que recordar que Piñera es un empresario que pertenece a uno de los conglomerados más importantes y más poderosos de chile desde el punto de vista empresarial. Las reformas que ha anunciado la semana pasada son muy superficiales y muy tenues y no afecta la estructura financiera y macroeconómica del país”, dice.

El cambio que Chile necesita es hacia un sistema que distribuya  la riqueza, considera Zamorano. Esto se puede lograr a través de una reforma constitucional o con cambios legales profundos que obliguen a los grandes conglomerados empresariales a alimentar las arcas del Estado. Actualmente, el 40% de este financiamiento proviene del pago de IVA, que impacta a la clase media, mientras que solo el 9% viene de las empresas más ricas. 

Para el experto, con un sistema de partidos políticos alineado en gran medida a los intereses privados, la unica forma de lograr esa transformación es que la población se mantenga activa y presione de forma pacífica al Estado. Además, es importante que la comunidad internacional apoye y vele por que en este proceso el Gobierno respete los derechos humanos de la población.

“La observación de los derechos humanos debe hacerse pesar en Chile. El tema de la represión militar ha sido extremadamente grave, en una situación que recuerda dolorosamente a la dictadura”, lamenta. 

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