Los malabares de los migrantes salvadoreños para enviar remesas

Rótulo de una convocatoria en Brooklyn, EE.UU., para la entrega de canastas básicas. La comunidad latina se ha unido para ayudar con alimentación de los migrantes, quienes aprovechan es ayuda para bajar sus costos de manutención y seguir enviando remesas. Fotografía / Cortesía

La pandemia de COVID19 golpeó a Estados Unidos con fuerza y el efecto inmediato en El Salvador se reflejó en la disminución de remesas, que cayeron en un 40% en abril, según datos del Banco Central de Reserva (BCR). Pero en Estados Unidos, país de dónde provienen el 95% de las remesas que recibe el país, los salvadoreños están haciendo sus propios esfuerzos para mantener un flujo de dinero hacia sus familias.

Los relatos de “Claudia” y “Diana”, nombres ficticios para mantener su anonimato a petición de ellas por ser indocumentadas, son un ejemplo de este esfuerzo. “Claudia” vive en Brooklyn, Nueva York, “Diana”, en Houston, Texas. Los dos mil 600 kilómetros de distancia entre ambas no marcan una diferencia en sus esfuerzos por mantenerse económicamente en Estados Unidos y enviar ayuda financiera a El Salvador.

“Claudia”, quien padece una enfermedad crónica y está indocumentada en el país norteamericano, comparte gastos con su hija, su hijo y su nuera para pagar los $1,600 dólares de renta y los gastos de alimentación. Un año atrás todavía limpiaba casas o cuidaba menores para ganar entre $12 o $15 la hora.

Ahora tiene el rol de abuela y trabaja muy poco. Lleva las riendas de la casa, cuida a dos nietos –algo que significa un aporte invisible de casi $27 mil dólares anuales o más a su hogar en Estados Unidos- mientras sus familiares salen a trabajar. Asumir el rol matriarcal viene emparejado a asegurar la comida de la casa, aunque el dinero para el gasto es menor.

Lo primero es asegurar la renta del apartamento, porque aunque hay una mora de tres meses para el cobro de alquileres, su grupo familiar decidió bajar sus costos de manutención para pagarla mes a mes y no acumular deudas, aunque esto significó reducir el envío de remesas, que ella asumiera el rol de cuidadora de los niños y reducir costos.

La forma de reducir costos es aceptar la ayuda alimenticia que brinda la comunidad. “Estamos yendo a recibir cosas de alimentos de las Caridades Católicas (una organización de la Arquidiócesis de la iglesia católica de Nueva York)”, dice “Claudia”. Ahí recibe arroz, frijoles y verduras. “Alimentos enlatados, verduras, qué se yo. Ahí le dan unas tres cebollitas, tomatina y ya. Y ya con eso nos ayudamos un poco para guardar para pagar la renta”, dice.

«Diana» también hace números todos los días para asegurar la remesa a sus dos hijos y su madre, que viven en una comunidad empobrecida de San Salvador. “Se ha reducido bastante lo que envío, lo que he hecho ha sido recortar más mi presupuesto aquí (Estados Unidos) que el de allá”, relata.

Indocumentada desde hace 3 años, “Diana” vive en Houston y ahora vive en números rojos. Alquila un apartamento por 1,000 dólares mensuales, del cual en marzo y abril sólo abonó la mitad de la renta, para asegurar la remesa que envía a El Salvador. “He tenido que suprimir la compra de alimentos”, dice y hace cuentas: antes de la pandemia enviaba entre $800 y $1,000 mensuales. Pero en marzo de este año solo envío $600 y en abril, $500.

“En la alimentación es lo que he suprimido más, pero lo he balanceado con donaciones de alimentos que hacen las iglesias, los centros comunitarios de la ciudad y diferentes organizaciones. Con eso, la mayoría de los que estamos aquí hemos podido ayudarnos a suplir ese gasto de la alimentación”, explica.

El 14 de mayo pasado la ciudad destinó un fondo de $15 millones al que podían aplicar personas con estatus legal para cubrir los impagos de la renta, pero ella no podía aplicar. Por eso Diana no hace cuentas felices. “La renta es lo que tiene bien preocupada a las personas, ya que en este país si no pagas la renta te pueden llevar a la corte y desalojarte”, dice.

Aunque ella mantiene su trabajo, como muchos otros salvadoreños en Estados Unidos, ahora ve con incertidumbre hacia el futuro inmediato. ¿Podrá mantener el envío de remesas? “Yo buscaría la manera de mantener un envío de remesas aunque sea para lo justo, lo indispensable. No puedo dejar de enviarle a mi familia, porque sí dependen de mí”.

Artículo y vídeos con reportes de Andrés Dimas.

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