Análisis y desafíos a 29 años de los Acuerdos de Paz

Ana Guadalupe Martínez, Nidia Díaz y Mauricio Vargas, firmantes de los Acuerdos.

(Transcripción editada de la entrevista realizada por Karen Fernández transmitida el domingo 17 de enero de 2020)

Panel foro, conducido por Karen Fernández, con la participación de Ana Guadalupe Martínez, Nidia Díaz y Mauricio Vargas, firmantes de los Acuerdos de Paz, realizado en el Teatro Luis Poma, gracias al apoyo de la Fundación Poma. Fotografía: Focostv / Elisa Hernández.

El 16 de enero del 2021 se cumplieron 29 años desde la firma de los Acuerdos de Paz, que pusieron fin a casi dos décadas de violencia y conflicto civil; y propiciaron la reforma política que dio origen a la democracia en la que hoy vivimos. Para hablar de ellos y de los retos que enfrenta la democracia en la actualidad, hablamos con tres de los firmante de los Acuerdos de Paz en el Castillo de Chapultepec, México: Ana Guadalupe Martínez (A.M.), quien representó en las negociaciones al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), uno de los grupos que integró al FMLN y fue diputada por el Partido Demócrata Cristiano (PDC); Nidia Díaz (N.D.), quien perteneció al Partido Revolucionario de los Trabajadores y Campesinos (PRTC) y actual diputada del FMLN; y el general Mauricio Vargas, quien participó en las negociaciones en representación del gobierno salvadoreño y diputado por Arena desde 2015.

Ana Guadalupe, el presidente Nayib Bukele se refiere a la guerra y a los Acuerdos de Paz como una “farsa”. El testimonio que escribió en su libro “Las cárceles clandestinas”, relata la tortura que sufrió cuando fue capturada en 1977 por ser militante del ERP. ¿Qué significa para usted este discurso del presidente que simplifica ese periodo en el que usted fue militante y víctima de la violencia en El Salvador?

A.M.: Mi primera reacción al escuchar las declaraciones del presidente fue de asombro. Primero, porque es el jefe de Estado del país y, de alguna manera, tiene que tener algún nivel de conocimiento histórico e integrar parte de la vivencia de los salvadoreños en su conjunto en los últimos 45 años. Porque la guerra no empezó en la ofensiva de (enero) de 1981 sino en los años previos, con la estructura del movimiento social y popular que estuvieron muy activo en las calles manifestándose. Y, además, sentía el ambiente de un rechazo a lo que vivíamos.

Prácticamente pocas familias de este país han de haber quedado sin ser tocadas, lesionadas o partícipes de esa confrontación tan larga. Por ello, no solo fue sorpresa sino me causó dolor, porque el presidente no tiene la empatía para los cientos de miles de salvadoreños víctimas, no solo con los que fallecieron sino también con los que todavía estamos vivos. Y obviamente me pareció no solo irresponsable sino que totalmente fuera de lo que podía ser la mentalidad de un jefe de Estado. Yo, dije, “bueno, esa declaración retrata exactamente lo que es él, humo. No tiene nada en la cabeza.”

Nidia. Usted conoce al presidente Bukele. Viene de las filas del FMLN. ¿De dónde cree que viene este discurso negacionista de la guerra, del dolor de las víctimas, de los Acuerdos de Paz? ¿Cree usted que esta actitud, este discurso, tiene objetivos políticos electorales o es un discurso vacío que queda ahí? ¿De dónde viene esta actitud, este discurso?

N.D.: Él fue un afiliado del FMLN, no un militante activo. Cuando se inscriben las planillas, él tiene que estar bajo una bandera. Nosotros (en el FMLN) conocimos a Nayib como hijo de Armando Bukele y empresario. Él nació en cuna de empresarios. No estoy contra los empresarios, pero él (Nayib Bukele) ve el Estado como una empresa de la cual hace y dispone. Desde que era candidato empezó a negar. Decía que la historia se iba a escribir nuevamente, que la posguerra quedaba atrás. Pero yo nunca vi el alcance de sus frases como en esas que fue a decir a El Mozote.

A mí me causó mucha tristeza, porque nosotros conocimos a don Armando y cuando él escribía y hablaba en su programa “Aclarando Conceptos” cada vez que se conmemoraba los Acuerdos de Paz, tenía un discurso totalmente diferente al de su hijo. Él decía que los Acuerdos eran el evento más trascendental de los últimos tiempos y que posibilitó la democracia. Entonces cuando escuché al presidente realmente me dio tristeza pero también me dio otros sentimientos: indignación, decepción y cólera, porque lo hizo en un sitio sagrado, porque ahí mataron más de 400 niños y lo vi como antihistórico. Y, en un orden lógico, viendo si él decía «la historia comienza conmigo, una nueva historia. Lo de atrás quedó atrás», entonces ya traía esa visión. No fue espontánea.

¿De dónde cree que viene esta visión antihistórica?

Es su característica. Él (el presidente Bukele) es muy narcisista; muy: “yo, el que todo lo sabe, el mejor”. Y entonces todo lo que la historia, un pueblo escribió, no vale. Él parte de una personalidad… A veces unos amigos psiquiatras me dicen “miren, háganle un buen estudio de personalidad”, porque él tiene esas debilidades, esos problemas. Y como dice Ana Guadalupe, la constitución dice que el presidente es el encargado, el llamado a mantener la convivencia social y la armonía de un país, y es lo que menos hace.

Entonces llegar en hasta esta provocación siento que fue… No solo una falta de respeto sino burlarse y decir “bueno, aquí estoy y yo digo que no vale la historia. No vale nada, solo lo que yo digo y lo que se va a hacer ahora.”

General Vargas, hablemos de los Acuerdos de Paz. El presidente Bukele también tiene un discurso que enaltece a la Fuerza Armada y también los incorpora en muchísimas decisiones de su trabajo político. Ahora, recordemos que una de las condiciones indispensables de los Acuerdos de Paz fue justamente la reforma a la Fuerza Armada. ¿Qué tanto diría usted que ha retrocedido la Fuerza Armada en el cumplimiento de los Acuerdos de Paz, bajo el liderazgo del presidente Bukele?

Bueno, primero es el retroceso más grande que tiene sobre los Acuerdos de Paz, porque uno de los puntos culminantes de ese proceso anterior a 1992 era esa relación que tenían las Fuerzas Armadas en el orden económico, político y social. Esos eran los factores del conflicto: el militarismo expresado en esas influencias en campos de acción que no eran de la competencia y del ámbito de la Fuerza Armada. Para esos momentos era una democracia así vista, pero cuando se refleja el conflicto eso se da como una de las causas y orígenes del conflicto. Lo que había que hacer realmente era cortar ese cordón umbilical hacia las áreas sociales, económicas y políticas y dejarlo en el campo real que le corresponde, que es la soberanía del Estado y la integridad territorial.

¿Ese cordón umbilical que había que cortar de la Fuerza Armada con otras áreas de la vida política y social, no se cortó. Y no tiene que ver necesariamente con el presidente Bukele?

Claro que se cortó. Usted puede ver, ha pasado demasiada agua debajo del puente durante 29 años. Y tuvo a los expresidentes Alfredo Cristiani, Armando Calderón Sol, Francisco Flores, Antonio Saca, Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén.

“Para graficarle el concepto: ‘Hacer la guerra es una tarea militar. Hacer la paz es una tarea política. Se puede ganar la guerra pero se puede perder la paz’. Y eso lo enseña la historia.”
Mauricio Vargas, firmante de los Acuerdos de Paz en 1992

¿Y se cortó definitivamente ese vínculo social y político?

M.V.: Indiscutiblemente que sí. Tan es así que Naciones Unidas califica como el actor que mejor cumplió los Acuerdos fue la Fuerza Armada. ¿Qué es lo que sucede? Que cuando un presidente tiene la brújula en un camino autoritario o en una visión dictatorial con discursos venenosos, se separa de la popularidad del ambiente, pero se pliega hacia las Fuerzas Armadas. Comienza a comprar voluntades en el tiempo de paz para socarnos el buche a futuro.

Entonces, para graficarle el concepto: “Hacer la guerra es una tarea militar. Hacer la paz es una tarea política. Se puede ganar la guerra pero se puede perder la paz.” Y eso lo enseña la historia. Por tanto, en ese momento esos factores había que corregirlos en ese momento en función de una dignificación de la institución.

¿Qué sucede realmente en el momento actual? Mire lo que acaba de suceder en el Congreso de Estados Unidos en Washington D.C., donde unos energúmenos se metieron. Pero aquí en El Salvador se metió Bukele con las instituciones de seguridad y con armas largas. Fíjese la diferencia entre una cosa y otra; y que nos posiciona de ese pasado que nosotros dejamos atrás porque fuimos protagonistas de esa firma. Sabemos lo que eso costó a la institucionalidad del país.

Ana Guadalupe, ¿puede la Fuerza Armada volver al pasado bajo el mando del presidente Bukele?

A.M.: Seguro que sí. Ya está volviendo. Si uno de los elementos más importantes, Vargas no lo dijo, pero fue la reforma a la Constitución donde la Fuerza Armada, que quedó precisamente establecida en su rol como garante de la soberanía y de la integridad territorial y en usos extraordinarios para atender calamidades públicas. No en uso político del presidente de turno.

Precisamente eso era lo que se había logrado a la hora de hacer las reformas a la Constitución donde se establece el rol de la Fuerza Armada ya en una sociedad democrática como la que se empezó a construir después de los Acuerdos de Paz. Cuando el presidente no logra dialogar con la Asamblea Legislativa y decide ir a presionar con la Fuerza Armada y la policía al recinto legislativo, está violando el rol de la Constitución que le establece a la Fuerza Armada y está, además, transgrediendo el papel de él como presidente y jefe de las Fuerzas Armadas.

Entonces, la primera violación a la Constitución la hace él, haciendo que también la institución sea usada para un propósito político cuando la herramienta esencial era el diálogo y no precisamente irrumpir en el recinto legislativo con una matonería que no había ocurrido desde la firma de los Acuerdos de Paz.

M.V.: Nada más en abono quisiera separar quien es el conductor político de la Fuerza Armada. La conducción política es la errática. Los que entraron el 9 de febrero de 2020 fueron los policías, los soldados con armas largas junto a los mandos principales por una orden del presidente constitucional. La Fuerza Armada tiene límites constitucionales y la obediencia en la profesionalización, en la subordinación, todo eso tiene límites constitucionales. Pero lo que sucedió es que tanto en el pasado ni los conductores políticos han respondido por el uso que hicieron y aquí siguen queriendo culpar a la Fuerza Armada y no a los conductores políticos que son los responsables del instrumento del Estado que es la institución militar.

A.M.: Exactamente.

N.D.: Han instrumentalizado a la Fuerza Armada.

M.V.: Exacto

Nidia, ¿la vía armada era el único camino a seguir para cambiar el sistema de Gobierno en El Salvador?

N.D.: No, históricamente, la mejor vía para que los pueblos cambien un sistema es el proceso electoral. Lo que pasa es que venimos de décadas en las que hubo fraudes electorales en la década del 70, que rebalsaron el vaso en las elecciones de 1972 y 1977, en el que se impuso a puro fraude el régimen que era dirigido por los militares. Cuando el fraude de 1977 puso al descubierto a una población de que no importaba su voluntad popular sino que era lo que la bayoneta decidía. La gente fue buscando opciones.

Lo que buscábamos las organizaciones, en las que participamos como luchadores sociales, era la búsqueda de democratización del país. O sea que el ambiente de libertades, de respeto, la decisión popular prevaleciera. Entonces esto fue empujando a una situación que en 1979 el mismo presidente de Estados Unidos Carter suspendió la ayuda de este país a El Salvador porque había demasiadas violaciones a derechos humanos. En octubre de 1979 se da el último golpe de Estado por militares jóvenes que, junto a un foro social, constituyen la primera Junta Revolucionaria, que empieza a modificar. Se proclamó la Fuerza Armada, se nacionalizó la Banca y se buscaba un camino diferente.

Pero, luego se retrocede y en la década de los 80, es donde se crean las condiciones de ese levantamiento popular posterior, se da muchos martirios, comenzando con el de monseñor Óscar Arnulfo Romero y de ahí para adelante. Entonces la gente buscó otras opciones de lucha. Y también procuraba, digamos, entendimiento. Entonces todos los facilitadores, pienso yo, los promotores de paz fueron San Romero, Mario Zamora y otras personalidades. Ellos intentaron constituir también un frente más amplio democrático, a los que se les cerró todos los espacios. Fue a eso lo que provocó también el surgimiento más completo, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que entró en alianzas con fuerzas más democráticas y también se creó la Comisión Política Diplomática, desde aquel momento.

Ahí estaba, en esa generación, Ana Guadalupe, dentro de la Comisión Diplomática, que buscaba la salida política. Pero en ese momento, en los sectores de poder económico de este país, no tenían nada en su pensamiento al diálogo. Ellos veían al diálogo como una traición. En Estados Unidos salen los demócratas y entra el Republicano Ronald Reagan a la presidencia, quien vuelve a restituir la ayuda al gobierno. Recuerdo que se hicieron gestiones, inclusive, con Estados Unidos, pero no pudo haber un diálogo. Eso llevó, pues, que en enero del 1981 estalle una guerra, prácticamente cuando se creía que lo que iba a venir era un entendimiento, que se prologó 12 años.

Y uno de los factores que prologaron el conflicto es la visión militarista que prevalecía, pese a que desde el mismo año 81 se reconoce por la comunidad internacional que los factores que originaron la guerra, las causales, tenían justificación y que buscáramos la salida de inmediato entre las partes y la humanización misma de un conflicto. Hasta llegar a 1992, al firmarse la paz, siempre prevalecía ese espíritu de voluntad política para una salida entre las partes.

Ana Guadalupe, el presidente plantea que los Acuerdos de Paz fueron una negociación, dice él, entre ARENA y el FMLN. Los partidos que luego han gobernado el país. ¿Es válida esa relación que el presidente hace entre los gobiernos pasados y las partes que firmaron la paz en 1992?

A.M.: Bueno, vuelvo a repetir como empecé diciendo. Creo que tiene bastante dificultad él de leer historia y de informarse y de, además, tener en cuenta que el mundo nuestro está rodeado de una cantidad de intereses y de países que desdicen inmediatamente esa visión que él quiere poner de dos grupitos negociando entre sí. Porque, fue intermediaria la Organización de las Naciones Unidas (ONU), además una cantidad de países de la comunidad internacional que participaron coadyuvando a que los acuerdos que se tomaran realmente condujeran a una apertura democrática del país.

Hay un elemento que el presidente debe de empezar a leer para informarse y es que Estados Unidos tuvo un rol muy importante no solo en la parte del conflicto sino también en la ruta de la solución negociada. Igualmente, cuatro países, y así se llamaban «los países amigos de la Secretaría General de Naciones Unidas» que tenían un rol bastante importante de hacer que las partes también entendieran que no era su posición la que tenía que salir intacta sino que había que ceder a hacer negociaciones para llegar a acuerdos en los puntos más álgidos que se pusieron sobre la mesa. Así es que ahí está España. Ahí está Estados Unidos, Colombia, Venezuela y México, que jugó no solo el rol de ayudar sino que ofreció su territorio para que la mayor parte de las negociaciones se realizaran. Por eso se firma en el castillo de Chapultepec, en México D.F., como una manera de agradecerle por parte del pueblo salvadoreño a la hospitalidad que le dio siempre a la posibilidad de que hubiera estas reuniones de diálogo para que se llegaran a firmar el acuerdo final.

General Vargas, de acuerdo con las últimas encuestas, y ahora que estamos en período pre electoral, ya en período de campaña de hecho, las encuestas y los números parecen indicar que el presidente podría tener una mayoría importante en la Asamblea. Ahora, ¿ve peligro de que las bases que sentaron los Acuerdos de Paz se pierdan con el respaldo legislativo que tendría el presidente?

M.V.: No tengo ninguna duda. Estoy clarísimo. Realmente, una República tiene pesos y contrapesos. Una democracia se basa en el sistema de partidos políticos. Si esto no existe, existirá otra cosa pero no democracia. Y el camino que está siguiendo este señor es realmente la acumulación de poder. Pero no sé si podría variar en dos elementos de la historia que han contado estas dos señoras.

Yo quiero contar la mía. La historia del conflicto tiene factores internos y tiene factores externos. La historia, hasta este momento, desde la perspectiva de Mauricio Vargas, tiene historias omitidas y tiene verdades unilaterales. La verdad no nos la han querido contar. Aquí hay una versión, la mía, es que nosotros estamos en una bipolaridad. El militarismo. Si el militarismo era en defensa de los intereses de Estados Unidos en la región. En las áreas de seguridad, sus áreas de influencia y sus áreas de interés. Cuando hablan del aspecto popular y de la democracia y de todo eso yo tengo mi propia visión.

¿Cuál es su visión de cómo se articulaba el movimiento popular?

M.V.: Mi visión es que había factores estructurales que se había que cambiar, pero son factores estructurales que llevaron a la violencia política para la toma del poder.

¿Qué factores estructurales, para ir cerrando este punto?

M.V.: Son sociológicos. Está la pobreza, la marginación, el militarismo, que es innegable que están presentes, pero los factores externos se compaginaban unos con otros hacia esto. Pero hay todo un grave problema en el momento actual que es un ataque a la democracia. Las fuerzas, las instituciones de seguridad están siendo utilizadas en factores personales. Y ya lo dijo la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ). Hemos dicho, como firmantes de los Acuerdos de Paz, la democracia se defiende sin renunciar a ella. Y esto implica que las instancias establecidas en la separación de poderes deben de respetarse. A mí no me gusta una decisión de la CSJ pero tengo que respetar. El señor (presidente), no. Por tanto, está en riesgo la democracia con una visión enfermiza, con un palabrerío venenoso. Y, actualmente, los partidos políticos no tienen dueño, no pueden estar diciendo “el partido de Nayib”; “vota por el partido de la N, de la N de Nayib”.

Hay una serie de elementos que ustedes han puesto sobre la mesa que estaban previos al conflicto que llevaron hasta los Acuerdos de Paz y que ahora dicen están presentes. Han hablado del cierre de los espacios de diálogo, ataque a la democracia y habla de la pobreza, de las condiciones de desigualdad. Nidia, se reconoce a la desigualdad económica y social como una de las causas del conflicto, pero realmente no se logró consolidar una reforma económica. ¿Qué obstáculos incidieron tanto en las negociaciones como en las décadas de posconflicto para consolidar una reforma económica?

N.D.: En la agenda política que establecimos en los Acuerdos de Paz, con base a los cuatro grandes objetivos que nos trazamos -superar el conflicto a través de acuerdos, impulsar el acuerdo democrático, lograr la plena vigencia de los derechos humanos y la reunificación-. Entonces, la agenda contaba con 10 puntos, seis de ellos que tienen que ver con toda la sociedad salvadoreña. Y digo esto porque Bukele habla de que fue un acuerdo entre las dos cúpulas solo para beneficiarlas a ellas. Los acuerdos, cuando tienen un rango constitucional abarcan a toda la sociedad salvadoreña. Es un pacto que se hace entre la sociedad y legitimó la Constitución de 1983. Entonces, el tema de la Reforma Constitucional, de la Fuerza Armada, de la Seguridad Pública, de los Derechos Humanos y de los sistemas judicial y electoral fueron de estos que abarcaron a todos.

Lo quedó en la agenda: el Problema Económico Social. Entonces, ese fue el último punto que se discutió por poco tiempo en la mesa, ya en diciembre de 1991. El caso fue cuando estábamos en la discusión de la Reforma Constitucional, como por ejemplo, que el límite de la propiedad privada fuera sin hectáreas. No se logra esto por la correlación de fuerzas en la mesa, que no se inclinaron por reformas económicas sino más por las políticas, quedó como en una reserva. Inclusive, se hablaron de muchos derechos, de la alimentación, pero no se logra. Entonces, ¿por qué se centró en la Reforma Política? Porque, en un ambiente de libertades, en un ambiente de libertad de pensamiento, de propuesta, tú puedes hacer las propuestas y puedes trabajar en el seno del pueblo para lograr más correlaciones hacia reformas más profundas. Entonces, el tema no económico social no cambió el modelo neoliberal que ya venía desde 1989, pero sí abrió espacios para que se fuese democratizando el sistema económico social. Y lo que estaba plasmado en la Constitución, que hasta ahora sigue ahí, permitía también una propiedad privada en función social.

¿A qué voy? No por no tener reforma económica en ese momento, no iba a haber la aspiración de un pueblo a buscar una mejora económica social y tampoco teníamos al pueblo luchando propiamente por eso en las calles. Pero ahora usted y yo podemos hacer propuestas y no nos matan por ello. Podemos presentar una propuesta económica y social y no nos matan. Antes de los Acuerdos, sí.

¿Por qué no se pudieron echar a andar esas medidas que pretendían combatir los orígenes de la desigualdad? Por ejemplo, eso se discutió luego de los Acuerdos de Paz en el foro de Concertación Económica y Social. ¿Por qué no ocurrieron esas reformas?

M.V.: la historia nos demuestra que donde se ha tratado de hacer una reforma estructural en una negociación de paz, han sido un total fracaso. El único proceso exitoso de Naciones Unidas es El Salvador. Tiene Guatemala, Nicaragua, Colombia y Perú. Todo lo que usted quiera. Porque hicieron programas de Gobierno y los gobiernos duran cinco años. Y no hay continuidad. Echarle la culpa al proceso de paz; que una cosa es el proceso de paz y otra cosa es la construcción de la paz.

Si no tenemos la diferencia entre el proceso y la construcción, porque el proceso de paz, el Acuerdo de Paz, no es para implementación en automático. La paz no se consigue por decreto. La paz no se consigue por acuerdo. La paz no es la ausencia del conflicto. La paz es cómo administramos el conflicto mediante medios democráticos. Es decir: “No estoy de acuerdo con tus ideas, no estás de acuerdo con mis ideas pero discutimos sin recurrir a la violencia”. Yo quiero decir que tenemos retos. Tenemos grandes desafíos de los problemas de ayer y los problemas de ahora. Y lo que les puedo decir este día donde estamos, ni conmemorando ni festejando, estamos reflexionando sobre la paz en El Salvador y sobre la historia. Yo les recomiendo utilizar el método exitoso de este Acuerdo de Paz, que tiene tres elementos: racionalidad, negociación y tolerancia. Si ocupamos esos tres elementos en el tiempo y el espacio, vamos a ir caminando, haciendo crecer nuestro querido El Salvador y que el Acuerdo de Paz es de los salvadoreños y hecho por los salvadoreños.

Ana Guadalupe, 29 años después del fin de la guerra, vamos a decir, ahora tenemos a un presidente que ha sido señalado por tener tendencias autoritarias pero que también es muy popular en las encuestas de opinión pública. ¿Cómo las negociaciones y los acuerdos que se firmaron derivaron en este momento político en el que la democracia parece, también, perder apoyo vamos a decir?

Esa es la pregunta que nos debemos de responder para tomar acción. Seguido me preguntan: “¿y por qué no vamos a apoyar a Bukele si Arena y el Frente fracasaron en su capacidad como partidos políticos dirigiendo el Estado de resolver los problemas del país? Y, por lo tanto, hay que darle oportunidad a alguien distinto de esos dos partidos”. Esa es la lógica con la que están actuando un montón de gente y por lo tanto Bukele es popular. Primero porque lo ven vengándose de Arena y del Frente, porque no pudieron hacer su tarea y la injusticia social, la pobreza, la falta de oportunidades y la exclusión sigue en el país. “¡Ajá!”, les digo yo, está bien. Hay que criticarlos, hay que señalarlos, hay que hacer un balance de qué no hicieron bien los partidos. Pero eso no quita que hay un riesgo inminente de perder la democracia en este país con un presidente autoritario que está haciendo campaña para que sus diputados, que no aparecen nunca dando la cara, lleguen a la Asamblea a seguir sus indicaciones. Así como tiene ahora a la Fuerza Armada y a la policía.

Eso es inaceptable y, por lo tanto, aunque parece como vengador de la falta de capacidad de los partidos tradicionales no es precisamente dándole el poder total a él cómo se va a resolver el problema de la pobreza, la falta de oportunidades, de todo el listado de situaciones negativas que vive nuestro país. Esa es mi conclusión.

M.V.: Ana Guadalupe. Ella puso un elemento que a mí sí me preocupa. Popularidad.

A.M.: Por vengador.

M.V.: No, habla de popularidad. Yo le voy a decir algo.

Porque, Bukele tiene popularidad en las encuestas.

M.V.: Que sea popular o que sea carismático no quiere decir que sea un presidente eficiente. Stalin, Hitler, Mussolini y Chávez fueron populares y carismáticos. Vean la historia. Lean la historia y si ustedes creen que ese populismo y esa popularidad y ese carisma es lo que necesita El Salvador, ya les dije, Stalin, Mussolini, Chávez, fueron populares y carismáticos. Vean dónde están y el 28 de febrero me van a contar la historia.

Nidia, ahora, en casi tres décadas de democracia también la población reciente los casos de corrupción. Gobiernos de Arena y del FMLN han estado señalados en casos de corrupción. Ahora, ¿por qué ese sistema político que se diseñó y se echó a andar con los Acuerdos de Paz, no fue capaz de sentar las bases de un sistema que evitara este momento de desgaste de la democracia?

Después de la firma de los Acuerdos, no pudimos superar toda la impunidad que se había acumulado. Tenemos todavía problemas de impunidad que permiten el crimen organizado, delitos de cuello blanco, etcétera. Y, precisamente, cuando comienza una era de mayor transparencia, cuando se crea el Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP), se crea una ley, se hace un Tribunal de Ética, se le devuelven las herramientas o lo dientes, como decimos, autoridad, cuando… Bueno, hay una normativa que está más avanzada que antes. Tenemos convenios suscritos, internacionales. Se ha empezado a funcionar el ataque a la corrupción, pero falta. Pero quiere decirte que cada Gobierno tiene sus desgastes, verdad. Porque no es en sí sino son personas las que asumen esa responsabilidad directa. Ahora bien, no por eso se va a justificar o se va a hacer fuente de error para asumir una conducta como la que se tiene ahorita, que en poco tiempo ha demostrado una gran falta de transparencia, de rendición de cuentas. Hoy vivimos como un reto, que aquello que se ha acumulado tiene que seguir en beneficio de la población. Hay más niveles de participación en cuestionamiento, también, y creo que puede seguir pero un ámbito democrático donde todos tenemos libertad de expresarnos y de hacer propuestas, y donde queremos que funcionen las instituciones de control. Porque, si algo acabamos de enderezar, como dijo, la plana al presupuesto presentado para el 2021 fue darle más recursos a las instituciones que controlan en el Estado.

Pero, al margen de las personas, ¿por qué los actores en esta etapa posterior a los Acuerdos de Paz, y en particular en el caso del FMLN, no diseñaron esos mecanismos de control anticorrupción que ahora nos tiene en este desgaste?

Por ejemplo en el primer Gobierno se hizo la Secretaría de Anti-Corrupción y Transparencia, que presentó 160 casos y fueron llevados a desafuero presidentes que tenían que rendir cuentas. Esa es una primera etapa.

Pero no sirvieron los controles para las administraciones del partido, por ejemplo.

M.V.: Pero es que los problemas, vuelvo a insistir, una cosa es el acuerdo y otra cosa es la implementación.

Exactamente porque…

M.V.: Y la implementación, el déficit mayor es fortalecer la institucionalidad.

Lo interrumpo para que termine Nidia.

N.D.: Sí, es lo que yo te decía, que ahora hemos reforzado más con presupuesto. Y uno de los vacíos que ahora tenemos es que, en el funcionamiento de los pesos contrapesos de las instituciones que son controladas también, tenemos que no le apuesta el presidente. Al contrario, hace todo para que no cumplan con sus competencias y atribuciones. Porque, por ejemplo, la Corte de Cuentas no puede hacer totalmente su desempeño porque no tiene la colaboración del Ejecutivo para que la auditen. El Tribunal de Ética tiene bloqueo. El Instituto de Acceso a la Información lo han manoseado ahorita para que no le den al público un derecho ganado ya por ley que tiene que tener el derecho a informarse. La Procuraduría de los Derechos Humanos, que juega un papel importantísimo al respecto: bloqueada. La misma Sala. Bueno, ha llegado a expresar frases el presidente que dice «si yo tuviera más poder, mandaría a fusilar a estos que no me dejan actuar como yo quiero».

Entonces, si le damos realmente las competencias, atribuciones, las respetamos y cumplimos y hacemos cumplir el sistema, otra cosa fuera. Pero ahorita estamos complicados. Uno de los riesgos que tenemos ahorita, el 28 de febrero, la población va a tener la oportunidad no de marcar caras o banderas, de defender el proyecto democrático. Un partido que controle todo puede cambiar todo y las leyes mismas. Con que está cambiando todos los reglamentos.

Aquí puedes ver la entrevista completa con Ana Guadalupe Martínez, Nidia Díaz y Mauricio Vargas, firmantes de los Acuerdos de Paz en nuestro canal de Youtube.

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