“El discurso de la amenaza a la población más que dar esperanza lo que da es incertidumbre y miedo”

Gloria Dada, psicóloga, psicoterapeuta y directora del Centro Arborétrum

(Entrevista transcrita y editada de nuestro programa 156, del 17 de mayo de 2020)

Diferentes especialistas destacan que la emergencia por Covid-19 ha representado incertidumbre, rutinas diarias alteradas, presiones económicas, aislamiento social, miedo, ¿qué padecimientos emocionales están relacionados con estos factores que estaba enlistando?

Es bien interesante que, justamente ahora, tengamos esta conversación, el 14 de mayo Organización Mundial de la Salud (OMS), lanzó un comunicado advirtiendo sobre las consecuencias a nivel global que esta pandemia va a tener sobre la salud mental. En base a eso, invitó a los diferentes países, a los gobiernos, pero también a las comunidades que se hicieran medidas para abordar esas necesidades de tratamiento y de apoyo psicológico con las que nos vamos a encontrar. Has dicho palabras clave ahorita: incertidumbre, ansiedad, miedos, creo que esto es lo que más caracteriza la situación que se está viviendo.

Lo que ocurre cuando hay un desastre como este, es que nuestra forma habitual de vivir queda cortada y en el caso de la emergencia por Covid-19 esto es mucho más notorio porque, a diferencia de otros desastres, hemos tenido que estar en cuarentena obligatoria, con movilidad restringida, hemos dejado de ir a nuestros trabajos, o los que pueden, adaptarlos a la forma que puedan, los niños han dejado de estudiar en sus instituciones. Es un cambio de vida que afecta a todos los niveles de la población, y además no sabemos cuándo va a terminar y tampoco sabemos qué esperar cuando termine entonces, la incertidumbre es un factor muy a tener en cuenta sobre este tema. 

¿Y qué padecimientos están asociados o causados por la incertidumbre?

Lo que más se encuentra y ya se ha empezado a encontrar, porque nos viene la ola un poco más tarde, son especialmente sintomatología relacionadas con la ansiedad y con estado de ánimo depresivo. Estos son dos grandes abanicos dentro de los cuales hay distintos niveles de gravedad, hay distintas situaciones para enfrentarlos dependiendo de esa gravedad. Pero digamos que, lo que más vamos a encontrar, es ansiedad y depresión.

Decía que todos estamos afectados por esta situación pero, ¿cuáles son los grupos más vulnerables a sufrir padecimientos emocionales en este contexto de emergencia?

Toda la población está afectada. Esta pandemia nos afecta a todos, nos ha supuesto cambios a todos. Lo que pasa es que en diferentes magnitudes y cada uno tiene recursos para enfrentarla. Mientras más recursos personales tiene uno, no me refiero a recursos económicos, sino a estrategias de enfrentamiento a una red de apoyo, es decir hay una serie de cosas que me van a permitir al terminar la pandemia recuperar, más rápido o no, mi vida tal y como dejé. Y mientras esa vuelta a la vida normal sea más rápida, menos consecuencias a nivel psicológico voy a tener, esto a nivel general.

Sí puedo decir que hay ciertos grupos que tienen una vulnerabilidad más alta por ejemplo grupos desfavorecidos a nivel económico. Porque las consecuencias de esta pandemia y las preocupaciones que esto causa no van a terminar cuando se acabe la cuarentena, mientras menos recursos económicos tienes, el dejar de percibir un ingreso va a tener consecuencias más a largo plazo, por lo tanto la angustia actual, se va a prolongar y posiblemente va a ser más acentuada.

Grupos de primera línea de médicos, enfermeras que están todos los días trabajando con los pacientes, que están todos los días tratando de salvarle la vida a los pacientes y viendo cómo los recursos que hay a disposición de salud, no alcanza. Estas son situaciones de altísimo nivel de estrés y por lo tanto son poblaciones de mayor vulnerabilidad.

Personas que no tienen una buena red de apoyo, personas que no tienen muchas habilidades o no tienen las capacidades formadas todavía para poder comprender o expresar con claridad lo que están sintiendo ante la pandemia y me refiero por ejemplo a los niños, que han sido quizás los grandes ignorados en esta pandemia, como si los adultos pensáramos que no se dan cuenta de lo que está pasando. Y lo que pasa es que si uno se los explica al nivel que ellos puedan comprender y les ayuda a que expresen lo que están sintiendo porque no tienen la misma capacidad de análisis que puede tener un adulto eso también va a evitar que tengan consecuencias más adelante.

Junto a la emergencia, también se está denunciando el aumento de la violencia hacia las mujeres y los feminicidios, el confinamiento en lugar de ser una medida de protección es una amenaza para muchas mujeres. Desde el ámbito psicológico, ¿cuáles son los síntomas o las señales de alerta para identificar a las víctimas de violencia doméstica?

Las personas que ya tienen dificultades psicológicas son otro grupo vulnerable, porque este cambio, esta circunstancia nos va a acrecentar nuestra forma de ser, nuestras conductas buenas y malas. Hay gente que es muy altruista y que ante esto y que su altruismo reluce todavía más. Pero si uno tiene estrategias no funcionales para lidiar con las situaciones de estrés ahora mismo se está poniendo muy a prueba. Mencionas la violencia hacia la mujer, yo diría también la violencia hacia los niños está aumentando no solo aquí, en España se han hecho estudios sobre la violencia intrafamiliar, hacia las mujeres, hacia los niños, por qué, muchas veces este descontrol es una forma de sacar la frustración, de sacar el miedo, el enojo, de sentir que soy potente hacia algo de parte del agresor y como ahora mismo eso quizás está más a flor de piel, la gente está más irritable, menos capaz de estar en control, han aumentado los niveles de consumo de alcohol en poblaciones vulnerables también y eso tiene un efecto.

Entonces, es más fácil que alguien que ya tenía una conducta agresiva en estos momentos se incremente más, ¿qué puede hacer la persona que está conviviendo con una persona agresiva? Primero, ver todas estas señales, está consumiendo más alcohol, cuidado. No tiene otra forma de enfrentar su frustración, se está aislando solo está hablando con nosotros en la casa, se está descargando solo con nosotros en la casa, habrá aunque sea un amigo con el que pueda hablar, con el que pueda conversar, su mamá o alguien a quien no tenga acceso pero con quien pueda sacar esta frustración de otra manera. Y por supuesto tomar las medidas habituales, como llamar al servicio de atención a las víctimas. 

Los vecinos, los familiares, nosotros mismos, ¿cómo podemos identificar si somos víctimas de violencia?

Mucha gente cree que la violencia se trata solo de golpes. La violencia es cualquier conducta que significa una agresión hacia el otro. Un pasar encima de la dignidad del otro y atentar contra su integridad, su dignidad y su vida, muchas veces. Pero no hay que llegar a ese nivel para considerarlo una agresión, si hablamos de insultos, de menosprecio, de restricciones con respecto al acceso a ciertos bienes que son familiares, a conversaciones que se puedan tener, con otros miembros de su familia por ejemplo. Todas esas son formas de sobre control y agresión; y tenemos que tenerlas en cuenta porque la violencia doméstica tiende a ir en escalada, se puede empezar por un insulto y después ir subiendo. Hasta llegar a niveles de peligrosidad más grandes.

Cuando nosotros, como convivientes de un agresor, vamos notando estas señales, es momento de avisar a otros, pedir ayuda, que otros estén también alerta, que otros estén cuidando de nuestra integridad. Si somos vecinos y empezamos a escuchar cosas que no son y tenemos acceso a esa persona que pensamos que puede estar en situación de vulnerabilidad, si podemos llamar, acercarnos, preguntar, porque muchas veces también es difícil para las personas buscar ayuda porque están amenazados también si lo hacen pero, si uno va y pregunta tenemos más chance de ayudar.

Entre enero del 2015 y marzo del 2019, el Ministerio de Salud reportó 615 suicidios en el país, ¿en qué medida esta emergencia incide en la propensión al suicidio?

Puede incidir, de la misma medida en que puede incidir en el aumento del malestar psicológico, el suicidio es una medida extrema en una situación de desesperación y de desesperanza. Si esto aumenta, pues claro que alguien que tenía una situación de vulnerabilidad, va a tener todavía más riesgo. Si tenemos personas que han tenido intentos previos de suicidio es mucho más probable que puedan estar en riesgo porque es una conducta de respuesta ante el estrés que ya está dentro de su repertorio, incluso cuando estamos hablando de adolescentes, no me refiero solo a adultos.

Así que estas son las personas que más tenemos que cuidar, si es alguien que por ejemplo ya estaba en tratamiento por depresión, por algún trastorno de esta índole sería muy bueno recurrir a los sistemas de salud que antes le prestaban atención o invitar a esta persona a que busque la ayuda a tiempo, para que busque ayuda antes de llegar a soluciones de este tipo. Pensar que estamos abordando situaciones muy duras, mucha gente tiene mucho miedo a lo que está pasando, a enfermar, a lo que puede pasar a sus seres queridos, esto es una cosa muy importante, los duelos y a lo que va a pasar después no es solo la depresión sino el miedo, de lo que voy a enfrentar y si voy a ser capaz de enfrentarlo o no y si no, pues buscar antes la salida. Si esta persona tiene acceso a otro tipo de atención que le ayude a resolver estos conflictos, estamos disminuyendo el riesgo de suicidio.

¿Cómo podemos distinguir entre un comportamiento o reacción normal o funcional y cuándo es momento de buscar ayuda?

Todos tenemos reacciones emocionales ante el miedo, la incertidumbre y las cosas que mencionábamos antes. Son cambios que son adaptativos. Y deberíamos entender cuáles son esos cambios y cómo funcionan, cuáles son las respuestas naturales del estrés. Cuando estas respuestas se prolongan en el tiempo, es decir no es que surgen hoy y luego se pasan, sino que pasó cuatro o cinco días de esta manera y no cambian, no levanta o me está interfiriendo con tener un mínimo de normalidad para seguir enfrentando las situaciones cotidianas, entonces es un buen momento para pedir ayuda. No tenemos que llegar a límites extremos para pedir ayuda. Mientras más rápido lo hacemos más fácil es revertir.

¿Cuáles son estas cosas que son naturales hasta cierto punto pero deben llamar nuestra atención si se prolongan a través del tiempo? Tenemos respuestas a nivel de conducta, por ejemplo, como sentir en un bajón muy marcado en mis niveles de energía cotidiana, estar muy irritable, enojado, sobresaltarme ante las situaciones, meterme en discusiones frecuentes, reaccionar con preocupación excesiva, llorar frecuentemente sin motivo específico, dificultades o falta de interés en relacionarme con otros, aunque sea de forma remota. U otros niveles que son ya de riesgo, como consumo de alcohol, ingesta de drogas… esas son conductas a las que hay que estar atentos.

También ciertos cambios físicos, como alteraciones de sueño, dolor de estómago, dolores de cabeza frecuentes, dolores musculares, dolores de espalda, pérdida de apetito, exceso de apetito, formas de pensar, dificultades en la memoria, de concentración, en resolver cosas cotidianas que antes se hacían con facilidad. A nivel emocional con los sentimientos de miedo, angustia, desolación, desesperanza, sentirse solo, pero no solo por el aislamiento, sino que no cuento con nadie. Esto puede surgir, pero si es algo que se prolonga es bueno pedir ayuda. No necesariamente la ayuda profesional tiene que ser nuestro primer paso. Puede serlo, pero a veces descargar ese malestar con un ser querido o un amigo cercano puede ayudar a que los niveles de estrés bajen. Si aun así no bajan entonces sí quizá necesitemos la ayuda profesional.

¿Dónde se puede buscar ayuda profesional desde el confinamiento?

Desde el Ministerio de Salud, con otras instituciones, crearon al principio de la cuarentena una red de apoyo con psicólogos y psiquiatras, algunos como parte del ISSS y otros voluntarios, que atendían llamadas en situaciones de emergencia. Ese es un recurso que todavía está. Ahora, una llamada de emergencia es un recurso genial para algunos, pero hay otros que necesitan tener un tratamiento de forma continuada y quizá es eso lo que no podemos darle a la población, porque en El Salvador no se cuentan con mecanismos de regulación de terapia a nivel remoto, de teleterapia, como se llama en otros sitios. No está previsto eso en nuestro código de salud. La Junta de Vigilancia de la profesión ha estado tratando de acoplarse, pero sin tener precedentes. Ahora ya se está dando atención y se pueden gestionar recursos a través de redes sociales, agendar una cita con un psicólogo, por ejemplo. Si usted que nos ve ya estaba en tratamiento con un profesional no dude en contactarlo y preguntarle si está prestando servicios de manera remota, porque continuar con alguien que ya conoce su historial es la mejor forma de atención ahora. Es algo que ya se está haciendo de forma remota.

Al ministro de Salud se le preguntó sobre la atención a la salud mental que está ofreciendo el gobierno en el contexto de la emergencia por Covid-19. ¿Es cierto que está disponible la atención de salud mental y emocional, pero es la gente la que se resiste a utilizarla?

La red para atender existe, se creó, es la verdad. Pero, ¿de qué forma se ha hecho saber a la gente la existencia de la misma? Esa es otra cosa, porque quizá la gente no sabe siquiera cómo contactar con esta red. La gente que estaba en los centros de confinamiento estaba siendo atendida, pero no sé si eso se mantuvo hasta el final. Sé de centros de contención donde había disponibilidad para atender a la gente vía remota, pero por problemas de internet no se podía tener una videollamada, no había condiciones de un mínimo de privacidad para tener esa conversación íntima con alguien que te escuche en un momento de crisis.

Tener una red de apoyo no es solo dar un número de teléfono, hay que proveer las condiciones para que ese apoyo sea viable tanto para el profesional como para la persona que lo necesita. Nuestro sistema de atención de salud mental en el país siempre ha sido muy precario, insuficiente. Ahora mismo que estamos desbordando de malestar psicológico, si antes no dábamos abasto, pues ahora difícilmente podremos cubrir. Mi opinión es que, desde una perspectiva de Estado pero también de comunidad, a lo que podríamos apostarle a crear grupos de apoyo. No necesariamente dirigidos por un profesional, pero que el profesional si pueda llegar y cuidar al que apoya. En nuestro país tenemos una amplia tradición, en distintos ámbitos, a acercarnos a líderes religiosos, por ejemplo, pero él no tiene las credenciales para hacer un tratamiento psicológico. Pero tiene un acceso a ciertos sectores de la población que el profesional de salud mental no tiene. Entonces, sería mucho más efectivo posiblemente, acercarnos a estos líderes comunitarios y poder trabajar de la mano con ellos para poder llegar a estos grupos poblacionales, especialmente a los grupos más vulnerables.

En esta emergencia nacional tenemos un discurso político de permanente confrontación, miedo e incertidumbre. En particular el discurso del presidente oscila entre el miedo y la amenaza, ¿representa eso un peligro para la salud mental de los salvadoreños? ¿Qué consecuencias puede tener este tipo de mensaje?

Las medidas aplicadas desde el inicio de la cuarentena eran absolutamente necesarias, ante eso no hay duda. Pero el discurso del miedo, de la amenaza a la población más que dar esperanza lo que nos da es incertidumbre, más miedo. Todos hemos visto al presidente en cadenas nacionales decir cosas como “si ahorita creen que están mal espérense 15 días, que será mucho peor”. Si le dices eso a alguien que está más vulnerable, a alguien que ya tenía miedo, no lo harás sentir más tranquilo o seguro, no da la tranquilidad que debería dar el Estado, no nos garantiza que saldremos adelante. No sabemos, no hay garantías que tendremos un tipo de apoyo después de esto. Definitivamente creo en lugar de aliviar puede incrementar la problemática. Yo, hablando con otras personas, me cuentan que tienen problemas para dormir, que la cabeza les da vueltas y vueltas después de las cadenas nacionales, por el discurso del presidente, porque está cargado de amenazas.

Desde la perspectiva de la psicología, ¿qué padecimientos emocionales quedarán a largo plazo para la sociedad salvadoreña?

La sociedad salvadoreña es bien resiliente, una sociedad que está, por desgracia, acostumbrada a enfrentar un montón de crisis distintas. Sin embargo eso no la hace inmune. Los problemas que mencioné antes, relativos a la ansiedad, al estrés postraumático, los duelos complicados… eso van a quedar a largo plazo. Menciono lo de los duelos complicados porque hay gente que está teniendo muchas pérdidas, de seres queridos, pero también de trabajo, de contacto con personas a las que les tienen aprecio y cariño, de ver a sus amigos, en el caso de los adolescentes. Son pérdidas importantes a las que no les estamos prestando atención. Todo esto deja secuelas.

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