“El número de psiquiatras por habitante en el país no es el ideal, estamos lejos de eso.”

Mario Flores, presidente de la Asociación Salvadoreña de Psiquiatría (ASP)

(Entrevista transcrita y editada de nuestro programa 156, del 17 de mayo de 2020)

La Organización de Naciones Unidas (ONU) presentó a mediados de este mes el informe sobre los efectos del Covid-19 en la salud mental, la organización advierte que la pandemia puso de manifiesto las décadas de abandono y falta de atención de la salud mental. ¿En qué estado se encuentran nuestros planes nacionales de atención a la salud mental?

La salud mental en la coyuntura actual es totalmente diferente a cómo estaba antes de la pandemia. Ahora se agravan las manifestaciones de las alteraciones de la salud mental de las personas y mucha gente que no tenían ninguna afectación empezarán a presentar manifestaciones. Ciertamente en muchos países la salud mental no ha sido prioritaria. Digamos que no forma parte de los principales focos de atención para las diferentes instituciones o instancias de gobierno, en nuestro país, sin hablar a nombre de ninguna institución, sí se están haciendo esfuerzos muy grandes como para reivindicar la salud mental. Incluso, nosotros como asociación ya habíamos entrado en contacto con algunas instancias con los entes reguladores de la salud en El Salvador para poder dar aportes y participar en mesas de trabajos.

Usted dice que para muchos gobiernos la salud mental no ha sido prioridad, pero en El Salvador hay un solo hospital público especializado en psiquiatría y solo 18 de los 29 hospitales nacionales restantes cuentan con unidades de salud mental ya instaladas. ¿Cómo se explica en el caso salvadoreño ese notorio abandono de la salud mental en el sector público?

M. F.: Lo que pasa es que la salud mental y las alteraciones psiquiátricas no necesariamente las vamos atender en un hospital psiquiátrico. Aquí en el país hay dos hospitales estatales, uno del Ministerio de salud pública y otro del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), que tienen una capacidad instalada de camas limitada, obviamente.

Lo que pasa es que desde los años 90, la psiquiatría ha intentado romper el paradigma y el estigma de los hospitales psiquiátricos: el tratamiento asilar de las enfermedades psiquiátricas. Aunque solo hay un hospital público para la atención de enfermedades psiquiátricas no significa que la atención en salud mental esté en abandono. La idea desde entonces es que cuando un paciente requiere hospitalización desde un punto de vista psiquiátrico, pueda ser manejado por psiquiatras destacados en hospitales generales. Lógicamente no tenemos una cobertura total o amplia, pero el esfuerzo sí se está haciendo.

La salud mental está concentrada en el segundo y tercer nivel de atención en El Salvador. ¿Qué hay de la prevención?

M. F.: El primer nivel es el de la medicina preventiva y en muchas instalaciones de las principales entidades de salud pública se tienen equipos de salud mental. Los equipos de salud mental trabajan en la promoción, protección y prevención de las alteraciones emocionales. Ya en el segundo y tercer nivel es tratamiento, propiamente. Claro falta mucho por hacer, pero sí se ha tratado de fortalecer la atención a nivel de prevención y protección de la salud mental, trabajando en los niveles primarios de atención. Incluso no necesariamente trabajando con especialistas, con psiquiatras, sino con médicos generales y familiares e involucrando igualmente a la población.

Usted dice que aunque todavía hay mucho por hacer ya se está haciendo algo. Hemos revisado los recursos financieros y en El Salvador se invierte menos del 2% del presupuesto total de salud en esta área y casi toda esta inversión es el presupuesto del hospital psiquiátrico. Hablando de recursos humanos, según el Ministerio de Salud solo hay 66 especialistas de salud mental para toda la población. Y en el caso del ISSS son 50. ¿Cómo afectan estas condiciones al estado y al acceso de los salvadoreños a la salud mental?

E. F.: Yo no estoy en condición de hablar en nombre de ninguna institución, sin embargo puedo contestarle que el psiquiatra, el especialista, no necesariamente va atender a toda la población. Sino que se trabaja con redes de apoyo. Por ejemplo, el psiquiatra puede estar en el tercer o segundo nivel de atención y en el resto se trabaja con equipos de salud mental ubicados en las unidades de salud o en los centros de atención de salud familiar o en las unidades médicas o comunales del ISSS. La cantidad de psiquiatra en el país será de unos 150, lógicamente no pudiéramos atender a toda la población, por eso se trabaja con base a redes, equipos de personas que serán capacitadas para trabajar en apoyo de la salud mental. Eso es lo que se hace aquí y en todos los países. Ahora, el número de psiquiatras por habitante en El Salvador no es el ideal, estamos bastante lejos de eso. Y otro factor es el cambio generacional de personal de psiquiatras. Sin embargo las instituciones de educación superior en nuestro país junto con las instituciones están formando profesionales en el área y hay una proyección para que en cierto número de años se pueda dar una mayor cobertura a las diversas áreas del país. ¿Hay áreas del país que en este momento no cuentan con psiquiatras? Sí, la mayoría de especialistas estamos concentrados en San Salvador.

¿Cuáles son las demandas urgentes que deben atenderse independientemente de la pandemia de Covid-19 para fortalecer la atención pública de salud mental?

E. F.: Para ello tendríamos que conocer cuáles son las patologías más frecuentes o los problemas psicosociales. Ahí tendríamos a la cabeza los trastornos mentales del comportamiento; secundario el consumo o uso de sustancias adictivas, por ejemplo, alcoholismo y otro tipo de farmacodependencia; también tenemos la violencia intrafamiliar, el abuso infantil y grupos de personas vulnerables que de alguna manera no reciben la atención que deberían.

Entonces, las baterías de las salud mental deberían de estar orientadas a atender este tipo de circunstancias psicosociales que se dan. También tenemos una tasa elevada de suicidios y tenemos otro problema, independiente de la crisis que estamos viviendo, es la violencia social. El Salvador siempre ha sido un país con un nivel de violencia social elevada, y ahora estamos en un nivel elevadísimo; y esto tiene sus consecuencias en la población joven. Por ejemplo: adolescentes que son estigmatizados porque se criminaliza un sector de la población.

La ASP ha advertido que la información poco veraz, inoportuna, con datos contradictorios y dispares incrementa el riesgo de padecimientos emocionales. ¿Qué otros factores de como se ha manejado la emergencia podrían también dañar la salud mental de los salvadoreños?

E. F.: La salud mental de todos nosotros se ve afectada, porque la pandemia es universal y nos afecta a todos de una manera o de otra. Sí, la información es una manera de agravar, porque muchas veces por esta situación las personas empiezas a magnificar o ver como una calamidad todo lo que está pasando. ¿Cómo se maneja la crisis? Ahora estamos en un distanciamiento social, este aislamiento y el confinamiento tienen una repercusión en todos y nos afecta.

Cuando hablamos de las poblaciones más vulnerables a sufrir padecimientos emocionales y mentales en esta emergencia, desde luego hay que hablar del personal de salud que está prestando servicios en la primera línea. ¿Qué condiciones debe ofrecerle el ministerio de salud para cuidar la salud mental de estos trabajadores?

E. F.: En cualquier desastre una de las poblaciones más vulnerables son los trabajadores de salud, principalmente los que están en la primera línea de atención. Todo aquel personal de salud que eventualmente se enfrentará al manejo de casos de Covid-19 es personal de riesgo. Entiendo que el Ministerio de Salud habilitó una línea de asistencia psicológica 24 horas para el personal de salud. Hay líneas de atención para la población en general, pero también para el trabajador de la salud.

En una crisis, como un derrumbe o un terremoto, se desplazan los equipos de primera asistencia sicológica al lugar para en in situ atender a los que están atendiendo a las víctimas. Ahora, por el aislamiento, esto es más complicado ahora. Por eso se activa la teleasistencia.

Además de esta línea telefónica, ¿qué otras condiciones deberían de ofrecerse a los trabajadores de salud para atender de forma preventiva su salud mental?

E. F.: Se está trabajando con algunos grupos de apoyo con médicos y enfermeras, para que la gente pueda expresar sus emociones, sus miedos; y, otra cosa, es que el personal, en la práctica, tiene que rotarse, porque fuera del riesgo de contagio, la exposición prolongada e intensa a este tipo de situaciones debilita también a las personas desde el punto de vista psicológico. A parte de proveer los equipos de bioseguridad hay que rotar al personal.

Usted me pregunta cuáles son los factores que pueden afectar la salud mental de los que están atendiendo. Un factor es que me sienta que no estoy adecuadamente protegidos. Si me siento seguro con mi equipo de protección, estaré más tranquilo. Pero también hay que saber cuál es el tipo de protección que debo de tener y rotar al personal.

¿Qué otras medidas son esenciales para la salud mental de los médicos, enfermeras y otros profesionales de la salud? Ya nos mencionó dos: Equipo y carga laboral adecuada.

E. F.: Mire, entre las condiciones laborales también está el estar adecuadamente capacitado para el trabajo que estoy haciendo -Si me siento capaz, me sentiré seguro porque no improvisaré-; que la misma institución tenga seguridad de qué es lo que se está haciendo; además que los trabajadores tengan la oportunidad de expresar sus emociones, sentimientos y hasta sus inconformidades, mucha veces lo que se recomienda, aunque no necesariamente haya un psicólogo un psiquiatra presidiendo, que se tengan reuniones para hacer catarsis y que en ellas se puedan tomar opiniones y se puedan hacer con base a ellas, cambios en las estrategias que se siguen, porque uno de los problemas más grandes es cuando siento que no puedo opinar o que mi opinión no será tomada en cuenta. En términos generales, un entorno laboral seguro contribuirá a mi salud mental. Van a haber cosas personales y cosas institucionales.

La ASP advirtió que habrá un porcentaje de la población que desarrollará afectaciones emocionales que van a requerir de tratamiento especializado. ¿De qué tipo de afectaciones estamos hablando?

E. F.: La mayoría de la población va tener manifestaciones como ansiedad, desesperación, preocupación, alteraciones del sueño. Pero se espera que haya un 5% de personas que van a requerir de una intervención directa. Aquí tendríamos, principalmente, trastornos por ansiedad, consumo de sustancias, cambios en el carácter y trastornos del sueño. Ahora, lo que pasa, es que la mayoría de los desastres a los que hemos estado sometidos en el país han sido limitados en el tiempo, y la pandemia el algo que tiene ya tiempo. Entones, entre más tiempo pase, mayor será el efecto en la salud mental, más desesperanza se crea. Y en la calle puede ver la irritabilidad, el enojo, la rabia, el deseo de descargar mi frustración en algo o en alguien. Entonces, mucha gente está o estamos en un menor nivel de tolerancia por la situación que se está viviendo.

Todo lo que describe son comportamientos que parecerían normales, ¿cuándo podríamos decir que ya cruzamos la línea y necesitamos buscar atención especializada?

E. F.: Cuando la gente empieza a pensar en hacerse daño; cuando el nivel de alteración del sueño tenga una semana o más; cuando pierda interés en sus hábitos; cuando pierda el disfrute de las cosas; cuando sienta que no vale nada o sin esperanza. En ese momento, casi con seguridad, esta persona necesita una intervención especializada. Yo sugiero que no necesariamente tenemos que esperar a que las cosas estén muy mal para consultar.

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