El último corresponsal extranjero asesinado en la guerra salvadoreña

David Blundy (22/03/45 - 17/11/89)

Escritor y periodista inglés de 44 años, David Blundy llegó a El Salvador con un currículo de lujo tras cubrir otros conflictos armados del mundo. Fue corresponsal en Oriente Medio de The London Sunday Times y era coautor de dos libros, His Qaddafi and the Libyan revolution y With Geldof in Africa. Entre 1986 y septiembre de 1989, fue corresponsal en Washington D.C. para The Sunday Telegraph, y después se unió a The Sunday Correspondent, con el que vino a El Salvador.

La mañana del 17 de noviembre de 1989, David Blundy murió producto de los daños que provocó un solo disparo en una calle de Mejicanos, al norte de San Salvador. “Escuché a David decir: “Get me out of here” (“Sácame de aquí”, en español). Esta fue la primera y última cosa que le oí decir”, dice Bill Gentile, fotógrafo contratado por Newsweek, quien estaba cerca de Blundy al ser herido e intentó ayudarlo. “Estábamos hablando, intentando romper el hielo, con unos soldados. Blundy, atrás de nosotros, caminaba por la intersección cuando escuchamos un disparo, luego lo siguió una ráfaga proveniente del norte, fuera de la zona.”

Minutos antes, la intersección había sido el escenario de un enfrentamiento entre el ejército y guerrilleros. Había dos carros que sirvieron de barricadas y/o trincheras. Ya no se escuchaban disparos en la zona y aunque el ambiente estaba tenso, parecía que el ejército había tomado la posición y hasta unos pocos civiles caminaban apresurados.

El 10 de diciembre de 1989, Gentil escribió algunos detalles del hecho como parte de su declaración a la Subdivisión de Delincuencia Organizada e Internacional de la Policía Metropolitana de la Nueva Scotland Yard de Londres, Gran Bretaña, incluyendo un croquis de la zona. Gentil era un fotoperiodista itinerante en la guerra salvadoreña, en donde tomó fotos para Newsweek. Él, como otros, radicaba en Nicaragua y entraba y salía del país de acuerdo a las asignaciones que le giraban.

Ahora, 31 años después, Gentil no ubica la dirección exacta donde hirieron a Blundy. En su croquis, señala una intersección de calles, a pocos metros de una iglesia católica, cerca del centro de Mejicanos, San Salvador. A ese lugar llegó, a bordo de un taxi, junto a dos fotoperiodistas, un chileno y un mexicano, poco después de las siete de la mañana. Pocos minutos después llegó un segundo grupo de fotoperiodistas, en él iba Blundy junto a dos corresponsales estadounidenses, a quienes no logró identificar. “Los dos grupos estábamos separados por una calle”, dice.

Los recuerdos de un testigo

Gentil, quien ahora es profesor en Estados Unidos, hace un esfuerzo para recordar la muerte de Blundy. “Fue un disparo y luego una ráfaga”. De inmediato, él y su colega chileno se resguardaron en un muro; el mexicano, en otro; Los estadounidenses ya estaban cuerpo a tierra, a una calle de distancia; a pocos metros, justo en la intersección, estaba tirado Blundy.

“Al principio no sabíamos que David estaba herido”, recordó Gentil. Pasados unos segundos, los estadounidenses vieron que tenía la frente ensangrentada y gritaron: “¡David fue herido!”. La voz de alarma hizo reaccionar a Gentil y sus compañeros. Se acercaron a la intersección gritando en español: “¡No disparen, somos periodistas¡” y agitando banderas blancas. Con ayuda de un civil salvadoreño no identificado, los fotógrafos intentaron mover el cuerpo de Blundy hacia el taxi en el que llegaron, que estaba parqueado a una calle de distancia. Entonces hubo una ráfaga de disparos en su dirección.

Croquis hecho por el fotoperiodista Bill Gentil en su ampliación de declaraciones sobre el asesinato de David Blundy a Scotland Yard realizada el 10 de diciembre de 1989. Fotografía: Cortesía Bill Gentil.

“Ondeamos las banderas blancas, volvimos a gritar que éramos periodistas y cuando cesó el tiroteo volvimos a la tarea de sacar a David de lugar”, dice Gentil.

Los periodistas habían caminado unos 35 metros cuando un equipo de televisión de España se acercó en una camioneta para ayudarlos. Subieron a David y el vehículo se dirigió a toda velocidad al hospital. “David estaba semiconsciente en la camioneta”, se lee en la declaración de Gentil. “Cuando llegamos al Hospital Rosales, David fue trasladado inmediatamente a la sala de emergencias para ser examinado. Los médicos le examinaron la frente; todo el mundo tenía la impresión de que una bala le había rozado su frente. Pero en el examen médico se notó que David sangraba cerca de su hombro derecho. El sangrado, al menos externo, era poco.”

Tras dos radiografías, los médicos determinaron que una bala entró por el hombro, pasado por el pulmón derecho y se había alojado en su columna vertebral. “Uno de los médicos me dijo que David estaba en estado ‘grave’ y que, si sobrevivía, probablemente quedaría paralizado del pecho hacia abajo”, dice Gentil, quien se retiró del hospital, dejando la situación en manos de Ian Murry, empleado de la Embajada Británica en San Salvador y un buen amigo de Blundy.

Las dudas de Gentil

Como lo escribió en 1989, todavía hoy, Gentil asegura que no puede determinar de qué bando provino el disparo. 31 años atrás, él hacía varias observaciones y una pregunta:

«Estábamos cerca de las tropas del gobierno y se podría pensar que las tropas del gobierno no dispararían contra su propia posición. Esto lleva a la conclusión de que quien disparó era un guerrillero.»

«David vestía una camisa azul oscuro, similar a la ropa que usan algunos de los guerrilleros. Esto nos lleva a creer que quien disparó era un soldado.»

«El disparo parecía haberse originado a menos de una cuadra de distancia, dentro o muy cerca del perímetro de los soldados.

«Además, no recuerdo que hubo respuesta de los soldados cercanos. Uno esperaría que los soldados en nuestra área hubieran respondido al fuego de francotiradores de la guerrilla. ¿Podría ser que quien disparó, sabiendo o no que David era un periodista, fuera un soldado dentro del perímetro controlado por el ejército y por ello no provocó fuego en respuesta de sus compañeros?»

En su escrito, Gentil concluye: «Creo que David (Blundy) fue asesinado por fuerzas del gobierno salvadoreño». Pero insistió, lo que había escrito eran recuerdos en una situación muy tensa y cambiante. Y le rogó al inspector al que dirigía su declaración que no interpretara sus recuerdos como algo completo en cada detalle o “decisivos para determinar la verdad”. El caso en El Salvador no se investigó.

Blundy, el periodista

“Esta es una noticia devastadora”, dijo Peter Cole, editor de The Sunday Correspondent a la agencia de noticias Reuters al enterarse de la muerte de su corresponsal. “Tenía mucha experiencia y su carrera fue de gran valor”, resumió.

Anthony Holden, amigo cercano de Blundy y editor de sus memorias periodísticas, lo describió como una persona que podía escuchar con mucha atención a los periodistas veteranos que le aconsejaban poner en orden su vida emocional antes que poner al frente de ella su vida profesional; pero después “él se marchaba a los agujeros del infierno en el mundo, jugándose su propia vida.”

Él y los veteranos que lo aconsejaban eran periodistas de diferentes épocas. Los veteranos habían dejado atrás las zonas conflictivas del mundo; Blundy, al contrario, no quería la comodidad de los escritorios ejecutivos, de la cobertura frente a un televisor o los contratos para escribir libros.

“Fue una conmoción terrible escuchar que Blundy, a días de cumplir 45 años, fue asesinado cubriendo el levantamiento armado en El Salvador, pero no fue una gran sorpresa”, escribió Holden años después de su muerte.

Tras su muerte, algunos colegas en El Salvador lo describen como un hombre que iba al frente, de mucha energía y consecuente con la profesión. Para ellos, Blundy pensaba que “el deber del periodista era ‘entregar un relato de los eventos de primera mano, sin importar cuál peligrosa era la asignación’.”

Para entender quién era Blundy, a las palabras de sus colegas de cobertura hay que sumar la descripción que hizo su amigo el poeta inglés William Scammell en un poema que declamó en su sepelio. Contrario a los consejos de mantenerse en la calma de los despachos, Blundy se movía constantemente en Inglaterra por obtener alguna asignación periodística en el conflicto árabe-israelí o su misma rabia por lo que creía que estaba mal en el mundo lo empujaba a ser testigo y poder contar aquellos lugares donde se había roto el orden.

En palabras de Scammell, Blundy mantuvo “un estrepitosa campaña contra todos aquellas personas que se quedan quietas” ante el infierno que se vivía en el mundo. Blundy no se quedó quieto, fue al medio oriente y su pasión por el periodismo lo llevó a Nicaragua, Guatemala y El Salvador, donde se convirtió en el último corresponsal extranjero de prensa que murió en el conflicto armado.

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