El Niño devastó la siembra de los más pobres en San Vicente
Las pérdidas de la cosecha de maíz y frijol durante la primera siembra han dejado a las familias agricultoras de San Esteban Catarina, San Vicente –uno de los municipios más pobres del país– con cada vez menos alimento. Mientras reducen porciones y tiempos de comida, las familias ven en la siembra de postrera una oportunidad para recuperar parte de lo perdido y tener granos básicos para el próximo año, pese a los pronósticos de un fenómeno de El Niño que, según el IRC, alcanzará su punto más severo en los próximos meses.
El calor de las 11 de la mañana dio el aviso: el trabajo de hoy terminó. Emilio Ruiz, quien ronda los 75 años, lleva unas seis horas metido en la montaña preparando su última apuesta para sembrar maíz y frijol. Se arregla el sombrero, recoge sus cosas y las coloca una a una en sus hombros para hacer el último esfuerzo de la jornada: caminar cuesta arriba, de regreso a su casa ubicada en el casco urbano de San Esteban Catarina, un distrito ubicado al norte de San Vicente, a unos 56 kilómetros de San Salvador, en El Salvador.
Un corvo, una botella con agua, una bomba fumigadora y un saco de esperanza son las únicas herramientas que tiene hoy para conseguir los granos básicos que servirán para abastecer a él y a su familia el próximo año. La sequía le arrebató casi todo en la primera siembra de 2026, y calcula que no podrá obtener “ni la cuarta parte” de lo que cosechó en años anteriores.
La postrera es la definitiva, “porque tal vez allí nos defendemos un poco”, dice Emilio. Pero el éxito de esta siembra no está bajo su control. Depende de El Niño, un evento climático de gran intensidad que ya acabó con millones de quintales de granos básicos en El Salvador y en todo el Corredor Seco centroamericano.
“Nos estamos arriesgando bien a ganar o a perder. Porque ya comenzamos a perder, pues. De todos modos, ¿qué vamos a hacer?”, dice, mientras avanza entre maizales raídos por el sol y una siembra más joven que comienza a marchitarse.
Lo que vive Emilio no es solo un mal año para él. El Comité Internacional de Rescate (IRC) advirtió en septiembre que Centroamérica enfrenta el desarrollo de un “Súper El Niño” histórico, que alcanzará su punto más crítico entre noviembre de 2026 y enero de 2027 y que amenaza con convertirse en uno de los más intensos jamás registrados. Según la proyección del IRC, las lluvias insuficientes podrían empujar a 700,000 personas más al hambre, solo en el oriente de El Salvador —la misma región donde Emilio apuesta lo poco que le queda a la siembra de postrera.
El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) dio por finalizada el periodo de sequía el pasado 20 de septiembre, después de que varios puntos de la zona paracentral y el oriente del país alcanzaran los 15 días sin lluvias. Pero la crisis está lejos de terminar. El país ha sido testigo de cuatro episodios de sequía en los últimos meses, y el último periodo seco alcanzó la categoría de sequía moderada en estaciones de La Unión, y dejó una alerta roja en todo el país.
San Esteban Catarina no es ajeno a la de falta de lluvia: es uno de los distritos del Corredor Seco y está, además, entre los territorios de “extrema pobreza severa” del Mapa Nacional de Extrema Pobreza de El Salvador, elaborado por el antiguo Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local (FISDL). Esta calificación ayuda a explicar por qué una mala cosecha golpea aquí con una fuerza distinta a la de otras zonas del país.
En El Salvador, la producción de granos básicos se divide en tres tiempos. La primera siembra ocurre entre mayo y junio; la postrera, entre agosto y septiembre; y la apante, entre noviembre y diciembre. Solo en la primera siembra, la Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (CAMPO) reportó la pérdida de 2 millones 394 mil quintales de maíz y 78 mil quintales de frijol a nivel nacional, debido al inicio tardío de las lluvias y las altas temperaturas.
El presidente de CAMPO advierte que para la siembra de agosto y septiembre, el panorama es aún más alarmante. “En la postrera se siembra el 75% de la producción de frijol, 20% de maíz y el 100% de sorgo. Con los 3 granos básicos se esperaba cosechar 7 millones de quintales. Y esa parte que se sembró, toditita, el 100% está en riesgo”, asegura.
Un informe internacional respalda esta cifra: de 354 comunidades en el Corredor Seco centroamericano evaluadas por Oxfam entre julio y agosto de 2026 —entre ellas comunidades de Ahuachapán, La Libertad, Morazán, San Miguel y Usulután—, el 89 % señaló a la sequía como la causa principal de la pérdida de la cosecha de maíz.
El Salvador tiene 114 distritos dentro del Corredor Seco Centroamericano, el cual ha sido fuertemente golpeado por el fenómeno de El Niño. Protección Civil declaró una alerta roja por sequía meteorológica y agrícola en agosto pasado, mes en el que se registraron 14 récords de temperatura, alcanzando máximas de hasta 43.9 °C en Santa Rosa de Lima, en La Unión.
A finales de septiembre, las lluvias del fin de semana pusieron fin al cuarto período de sequía meteorológica registrado en el país durante este año. Pero ese alivio no alteró el pronóstico de fondo: según el IRC y Oxfam, El Niño apenas alcanzará su punto más crítico entre finales de este año y principios de 2027, y son justamente estos episodios de sequía intercalados con lluvia —no la ausencia total de agua durante meses— el patrón que ya destruyó la mayoría de la cosecha de primera.
Para los agricultores de subsistencia, que siembran para asegurar la comida para sus mesas, esta emergencia climática significa más que contabilizar las pérdidas de sus cultivos. Significa hambre.
Según los datos del último censo agropecuario del Ministerio de Agricultura y Ganaderia (MAG), cerca del 49% de la producción de maíz y el 50 % de la de frijol se dedica al autoconsumo, explicó el economista José Luis Magaña. “Cuando estas familias tienen pérdidas por las sequías, no solo se ven afectados los ingresos por la producción que no van a poder vender, sino que también se ve afectada su propia seguridad alimentaria”, añadió.
Testimonios recabados por FOCOS muestran cómo las familias de San Estaban Catarina se han visto en la necesidad de hacer ajustes para que la comida alcance. Para administrar su hambre.
“Hay veces que yo me llevo todo el día aquí, a veces solo el desayuno traigo y voy llegando tipo 3 o 2 de la tarde. He tenido que disminuir un tiempo de comida”, asegura Emilio.
Emilio Cruz se sienta en la entrada de su casa a limpiar el frijol de la cosecha del año anterior. Su meta en la siembra postrera es sembrar seis medios y sobrevivir con ellos el próximo año. Separa las semillas de frijol vaina blanca esperando que estas soporten las condiciones climáticas de El Niño porque asegura que son más resistentes.
Su historia se repite entre los agricultores de la zona. Las consecuencias de perder la semilla en la que han depositado toda la esperanza se agravan a medida que crece el número de integrantes por hogar.
Magaña, advierte que para este año la inseguridad alimentaria no es una posibilidad, es la realidad. Lo respaldan datos publicados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
El Plan de Emergencia y Resiliencia para El Salvador 2020-2028 planteaba que el 30.7% de los hogares ha tenido que adoptar estrategias de crisis o emergencia, indicó. Estas estrategias implican la venta de activos productivos, la venta o hipoteca de viviendas, la reducción de gastos de salud y medicamentos, el retiro de los centros educativos de las niñas y niños por falta de recursos. También reducir su ingesta de alimentos.
“Gracias a Dios que trabajamos para que tengan el maicito y los frijoles (…) Y cuando podamos vamos a comer bien, y cuando no, vamos a aguantar”, asegura Berta Guzmán, de 78 años de edad, mientras prepara el maíz con el que hará las tortillas con las que alimenta a sus tres hijos con discapacidad.
La encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples del Banco Central de Reserva (BCR) para 2025 indicó que los ingresos para agricultores, productores agropecuarios y pesqueros rondan los $369.21 para hombres y $293.36 para las mujeres, en quienes además recae el trabajo no remunerado de búsqueda del agua, distribución alimenticia y cuidado del hogar.
A medida que pasa el tiempo, la tarea de alimentar el hogar se ha vuelto más difícil con el alto costo de los alimentos. Hasta el mes de agosto, la canasta básica rural alcanzó los $189.63, un 0.12% más que el mismo mes del año anterior, según datos de la Oficina Nacional de Estadística y Censos (ONEC) del BCR. El monitoreo de precios de Oxfam en El Salvador confirma la tendencia: entre julio y agosto de 2025 y el mismo periodo de 2026, el quintal de maíz subió un 32.1 %, el huevo un 60 % y la libra de pollo un 33.1 %.
“Si podemos comprar algún pollito, pues yo les hago la comida. Aunque sea, pues”, dice Berta. Para ella, las afectaciones van más allá de su parcela. “Yo no les doy el montón porque sé que van a comer almuerzo, tienen que comer cena (…) Así que lo llevo medido”, asegura. Los datos explicados por informes y expertos se transforman en una realidad en su hogar y en su mesa.
Más importación y más pobreza
Para las familias agricultoras, a la pérdida de la cosecha y el hambre se suma la creciente deuda por los préstamos para la siembra. Carlos Antonio Reyes, de 76 años, trabaja con crédito y durante la última visita a su parcela al norte de San Vicente, le dijeron que ya perdió la mitad de su cosecha.
El cultivo del año pasado todavía alimenta a las ocho personas de su familia y los granos ya comienzan a agotarse. Mientras, la deuda crece. “Estamos medio pasando por allí. Ya para el otro año sí ya sentimos que vamos a ver (qué hacer), porque tenemos que pagar el crédito también. Y, en fin, que para comer ya poco va a quedar”, asegura, mientras avanza abonando la nueva siembra de frijol que hizo junto a su hijo.
El caso de Carlos lo vive Emilio y también lo vive Berta. Los tres agricultores dependen de la siembra para vivir y pagar sus deudas. Emilio calcula haber perdido cerca de $2,500 entre la compra de insumos y la poca cosecha. Berta dice haber invertido alrededor de $4,000 en la compra de semilla, abono y el pago de jornaleros. Perdió más de la mitad de sus cultivos.
Estas pérdidas golpean sobre todo a las familias que, debido a la extrema pobreza, subsisten únicamente a través del maíz y frijol que cosechan cada año. Sin embargo, está en riesgo la soberanía alimentaria de miles más, que deberán consumir el maíz que no es nativo y que entra a El Salvador por medio de las importaciones.
El presidente de CAMPO, Luis Treminio, advierte que El Salvador es el segundo país con mayor consumo de maíz y el mayor consumidor de frijol en la región centroamericana. Cada salvadoreño ingiere 40 libras de frijol y 312 libras de maíz al año, según datos de la organización. La demanda de todo el país supera los 18 millones 800 mil quintales de maíz, 2 millones 400 quintales de frijol, 2 millones 900 quintales de sorgo y 900 mil quintales de arroz.
El Salvador depende de la importación de alimentos para cubrir esta demanda desde hace décadas; pero las proyecciones de CAMPO indican que el déficit se ampliará aún más tras las pérdidas por el fenómeno de El Niño, que superan los 6 millones 800 mil quintales hasta el mes de agosto.
Magaña señala que este escenario plantea una compensación con reservas o importaciones y el aumento en el costo de los granos básicos dependerá de la cantidad de reservas existentes y del mercado de países como Nicaragua y Estados Unidos, que exportan gran parte del maíz y frijol a El Salvador. “Tenemos señales que hay que tener presentes. Por ejemplo, según el Banco Central de Reserva, entre enero y agosto de 2026, El Salvador importó cerca del 39% más de maíz blanco, con respecto a enero – agosto del año pasado. Y el costo promedio por unidad importada fue aproximadamente un 10% mayor”, resalta.
Un ministerio sin rumbo
Mientras las y los agricultores corren el riesgo de sumar más pérdidas en los próximos meses, el presidente de CAMPO asegura que aún se pueden tomar acciones para amortiguar los daños. Pero la falta de diálogo del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) con los productores agrícolas vuelve imposible tomar medidas que realmente atiendan la crisis.
“Subsidiar la agricultura, buscar cómo todavía se pueden hacer algunos reservorios de agua, todavía tenemos la oportunidad del invierno… Podemos crear algunas punteras en algunas zonas donde no exista agua, crear pozos”, sugiere. Pero en el Ministerio de Agricultura, dice, “siempre ponen gente que en vez de ser funcionarios públicos parecieran activistas políticos del gobierno en turno”. “Si ya no pensás como ellos o si los criticás o si decís algo, ya no te toman en cuenta”, dice.
Treminio asegura que la situación actual de los agricultores en el interior del país requiere una intervención inmediata. Magaña lo define como una “crisis humanitaria” que puede se puede profundizar en la segunda parte del año, con una afectación aún mayor en la postrera.
La principal respuesta del Estado, hasta ahora, ha sido generar reservas de alimentos para evitar la hambruna. Pero estas medidas “están incompletas sin un monitoreo de precios, inventarios y márgenes de comercialización para identificar dónde se están generando presiones”, indicó Magaña. “Sobre todo, hay que garantizar que el nivel primario de abastecimiento de estas reservas sean los pequeños productores locales”, puede amortiguar el impacto en las familias salvadoreñas.
La amenaza encuentra al MAG bajo la conducción del encargado del despacho, el viceministro ad honorem Óscar Domínguez, después del paso de cuatro ministros en los siete años del gobierno de Nayib Bukele.
Domínguez, diseñador gráfico de profesión, fue nombrado en enero de 2023 pese a no contar con formación ni experiencia en el sector agropecuario. Según su hoja de vida oficial, publicada en el Portal de Transparencia del MAG, su preparación académica se limita a un ciclo del Técnico en Ingeniería en Sistemas y Redes y un diplomado en dibujo técnico con AutoCAD, ambos cursados en la Escuela Especializada en Ingeniería (ITCA). Esta es la persona a cargo de dirigir la respuesta del Estado salvadoreño a uno de los fenómenos de El Niño más severos jamás registrados. Las consecuencias de este nombramiento y la falta de atención del MAG, según Treminio, son evidentes.
“En una entrevista, el ministro de Medio Ambiente dijo: ‘el invierno inicia la última semana del mes de mayo y se establece plenamente la primera de junio’. A pesar de esa información que dio el ministro del Medio Ambiente, el viceministro (del MAG) orienta a los productores sembrar la última semana del mes de abril”, comentó Treminio.
Las declaraciones del viceministro Domínguez, fueron publicadas en su cuenta de X, donde afirma que las fechas idóneas para sembrar fueron del 21 al 25 de abril de este año.
“El mes de mayo se cumplieron los pronósticos, tanto del NOAA como del Ministerio del Medio Ambiente. Fue un mes sin lluvia y fue uno de los meses más cálidos durante los últimos años”, resaltó Treminio.
Esta desconexión institucional ocurre justo cuando El Salvador enfrenta un episodio de El Niño que, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), tiene un 75 % de probabilidad de convertirse, entre octubre y diciembre de 2026, en el más intenso desde que se tiene registro en 1950.
A la falta de conducción del MAG se suma un vacío de cobertura humanitaria: de los 114 municipios que integran el Corredor Seco ampliado en El Salvador, solo 18 (15.8%) reciben actualmente fondos humanitarios internacionales, según el cruce de datos de Oxfam con los mecanismos de financiamiento de Naciones Unidas. Los otros 96 municipios —un 84.2% del territorio priorizado— permanecen sin cobertura directa.
El viceministro de agricultura, Oscar Domínguez, informó, a través de su cuenta de X, sobre la perforación de pozos, punteras y la construcción de reservorios en el Corredor Seco y el oriente del país. Sin embargo, las familias agricultoras consultadas por FOCOS aseguran no haber recibido ayuda.
FOCOS consultó al Ministerio de Agricultura y Ganadería a través de canales institucionales sobre las proyecciones del impacto de El Niño en la agricultura, los planes de apoyo para las familias agricultoras afectadas por la sequía y las medidas para prevenir y mitigar los daños. Al cierre de esta nota, no hubo respuesta.
Mientras, la ventana para actuar se cierra junto con el calendario agrícola: cada semana que pasa sin insumos ni apoyo estatal para la postrera es, según advierte CAMPO, una semana menos para evitar que la próxima cosecha —la definitiva, en palabras de Emilio— se pierda también.








