Héctor Dada advierte «manipulación de los derechos de la diáspora» tras reforma constitucional para voto en el exterior

Héctor Dada advierte «manipulación de los derechos de la diáspora» tras reforma constitucional para voto en el exterior

No hay video disponible para este post.

Héctor Dada advierte «manipulación de los derechos de la diáspora» tras reforma constitucional para voto en el exterior

Resumen de la nota

Héctor Dada advierte «manipulación de los derechos de la diáspora» tras reforma constitucional para voto en el exterior

En esta segunda entrega de la entrevista concedida a FOCOS, el economista y político salvadoreño Héctor Dada Hirezi analiza la reforma constitucional exprés que crea una circunscripción especial para la diáspora salvadoreña, con seis nuevos escaños obtenidos a costa de restar representación a San Salvador y La Libertad. Dada distingue entre el derecho al voto de los salvadoreños en el exterior, que respalda, y la creación de una circunscripción territorial para representarlos, a la que se opone por considerarla una manipulación política orientada a debilitar a la oposición legislativa.

mobile_posts advertisement

Solo 15 días bastaron para que la Asamblea Legislativa de El Salvador, controlada por Nuevas Ideas, reformara una vez más la Constitución de la República. En mayo de 2026, el partido de Nayib Bukele creó una nueva circunscripción en el exterior, le otorgó seis escaños y redujo de 16 a 11 los diputados asignados al departamento de San Salvador y de siete a seis los de La Libertad.

Hasta esta reforma exprés, los salvadoreños dentro y fuera del país elegían diputados con base en las 14 circunscripciones departamentales. Desde las pasadas elecciones de febrero de 2024, los salvadoreños en el exterior ya podían votar por diputados, pero su voto se sumaba a la circunscripción de San Salvador, salvo que el elector tuviera un Documento Único de Identidad (DUI) con dirección salvadoreña en otro departamento.

Con la reforma ratificada el 7 de mayo de 2026, las reglas cambiaron sin debate previo y a menos de nueve meses de las elecciones de 2027, en las que se votará por presidente, vicepresidente, diputados y concejos municipales en una misma jornada. 

Para el economista y político salvadoreño Héctor Dada Hirezi, la reforma no solo busca reducir el espacio de la oposición en la Asamblea mediante lo que llama una “manipulación de los derechos políticos de la diáspora”, sino que confirma que el debate legislativo ha dejado de existir. “No hay ley en el país. Yo creo que seguir pensando en la Asamblea Legislativa es verdaderamente perder mucho el tiempo, porque ya no hay Asamblea”, expresó en esta segunda parte de la entrevista que ofreció a FOCOS el pasado 4 de junio.

En esta conversación, Dada —quien fue diputado de la Asamblea Legislativa entre 1966 y 1970— advirtió de los desafíos operativos de la creación de una circunscripción especial para los salvadoreños residentes en el exterior. Enfatizó que uno de los principales problemas no resueltos hasta la ratificación de la reforma era el factor de la representación: “¿En qué están pensando? ¿En gente que reside en el país, que va a representar a la diáspora —más bien, que va a obedecer las órdenes de la familia Bukele— o diputados de la diáspora?”, se preguntaba entonces.

Pero esa duda se despejó el pasado 28 de junio cuando diputados propietarios y suplentes de la actual legislatura se inscribieron como precandidatos por la nueva circunscripción. “Quiero seguir siendo la voz de todos los salvadoreños que, aunque se encuentran fuera de nuestro país, nunca han dejado de amar El Salvador”, expresó en un video publicado en la red social X la actual diputada por San Salvador Alexia Rivas, confirmando la decisión del partido oficialista de llevar a la carrera a diputados que, sin vivir fuera del país, puedan representar los intereses de los 962 mil conciudadanos registrados como residentes en el exterior, según los datos oficiales.

Para este exdirigente de Cambio Democrático y fundador de la Democracia Cristiana en El Salvador, lo que el proyecto oficialista persigue, lejos de garantizar un derecho político de la diáspora, es “acabar con la estructura político-administrativa del país”. “Estoy seguro de que la reacción a lo que estoy diciendo es que soy enemigo de los derechos políticos de la diáspora, y no soy enemigo de los derechos políticos de la diáspora: soy enemigo de que se manipulen los derechos políticos de la diáspora”, aclara en esta conversación.

Desde los partidos opositores, la decisión de algunos diputados propietarios y suplentes de Nuevas Ideas de presentarse como precandidatos para competir por un escaño de la circunscripción especial fue criticada debido a la falta de experiencia en la agenda migrante o por no contar con un trabajo previo con comunidades de salvadoreños en el exterior. En un comunicado, la organización Acción Ciudadana lamentó que esta decisión pudiera estar orientada a usar a la diáspora para “obtener una ventaja electoral en las elecciones de 2027”.

“Uno sabe por qué les quitaron diputados a San Salvador y La Libertad: para evitar que Claudia Ortiz sea diputada. Es muy claro. Ella fue electa en San Salvador con una votación bastante minoritaria; hoy ya no va a poder ganar. Eso creo”, concluye en este análisis Dada.

Saúl Hernández:  Usted y otros actores importantes del país sentaron las bases de la institucionalidad democrática que quedó dibujada en la Constitución de 1983. ¿Qué consecuencias tiene que el mecanismo de reforma constitucional haya perdido todos sus candados y permita, en una misma legislatura, modificar la Constitución?  Recordemos que bajo esa misma vía, en julio de 2025, la Asamblea aprobó la reelección presidencial indefinida, el mandato de seis años y la eliminación de la segunda vuelta.

Héctor Dada:  En primer lugar, eso demuestra que la ley no importa. Si la ley la puedo modificar como me dé la gana —porque no solo se reforma la Constitución en la misma legislatura: hay una reforma constitucional que la aprobaron en primera votación en la mañana y en segunda votación en la tarde—, eso quiere decir que la ley no me importa.  Es decir, que los reglamentos, las leyes, importan un bledo. Lo que importa es qué quiere hacer Casa Presidencial, qué cosa da más popularidad.

No hay ley en el país. Seguir pensando en la Asamblea Legislativa es verdaderamente perder mucho el tiempo, porque ya no hay Asamblea. No se justifican los votos a favor. Yo fui diputado del año 1966 al año 1970, para entonces discutíamos en la Asamblea, y escuchábamos los argumentos —con los que no estábamos de acuerdo la mayor parte de las veces— que daban los diputados del partido oficial sobre las leyes. Eran gente que reflexionaba; y si presentábamos nosotros propuestas, se aceptaban, y a veces se aceptaba ponerlas en discusión. Hoy no se acepta ni siquiera ponerlas en discusión. Y más de una vez se aprobó una propuesta nuestra, con reformas que garantizaban que los militares iban a seguir teniendo el control político, pero discutíamos y decían: sí, nos parece bien, eso favorece a la gente. Hoy no tenemos eso. Hay que preguntarles a los dos diputados de Arena y a la diputada de Vamos, que son los únicos tres que hacen oposición en la Asamblea, qué es lo que les han aceptado de ellos. Nada. 

Los diputados oficialistas no se sienten en la responsabilidad de explicar, por ejemplo, por qué se le quitaron cinco diputados a San Salvador. Uno sabe por qué se los quitaron: para evitar que Claudia Ortiz sea diputada. Es muy claro. Ella fue electa en San Salvador con una votación bastante minoritaria; hoy ya no va a poder ganar. Eso creo. Entonces, sí me parece que tenemos consolidada una dictadura. Los otros órganos del Estado no importan.

SH:  En el discurso oficial se plantea que la nueva circunscripción para los salvadoreños en el exterior —que otorga seis de los 60 diputados, restando cinco escaños de San Salvador y uno en La Libertadrepresenta un avance de los derechos de la diáspora. Pero también se cuestiona si en realidad se busca restar espacios de oposición. ¿Qué lectura hace de esto?

HD:  Yo sí creo que la diáspora —y en este momento yo soy parte de la diáspora— debe tener participación política en el país. Pero no estoy de acuerdo con crear una circunscripción de la diáspora, porque eso significa acabar totalmente con la estructura político-administrativa del país. La diáspora puede y debe participar en la elección de autoridades nacionales, de los diputados de su departamento de origen y de los concejos municipales. Pero implementar la representación política de la diáspora como si fuera un departamento más del país tiene enormes dificultades. 

Algo en lo que yo no había reparado, y me lo hizo ver un salvadoreño que vive en Estados Unidos, me decía: si yo fuera electo diputado, no me iría a vivir a El Salvador, porque perdería mi residencia en Estados Unidos. Entonces, puede terminar sucediendo, como lo dijo Ernesto Castro, el “casi hermano de Bukele”, que es presidente de la Asamblea, que a él le encantaría ser diputado por la diáspora. ¿En qué están pensando? ¿En gente que reside en el país, que va a representar a la diáspora —más bien que va a obedecer las órdenes de la familia Bukele— o diputados de la diáspora? ¿O vamos a hacer por esta misma vía las sesiones de la Asamblea Legislativa para que ellos puedan opinar desde allá? Tiene problemas de implementación que no están resueltos. Pero eso no importa, se va a hacer como decida el grupo presidencial, aunque es una gran propaganda.

Estoy seguro de que la reacción a lo que estoy diciendo es que soy enemigo de los derechos políticos de la diáspora, y no soy enemigo de los derechos políticos de la diáspora: soy enemigo de que se manipulen los derechos políticos de la diáspora.

SH: Entiendo por su respuesta que lo correcto sería que quienes representen ese voto sean salvadoreños viviendo fuera del país y no dentro, porque, si no, no tendría sentido crear una nueva circunscripción. ¿Es eso lo que usted nos está diciendo?

HD:  Sí. Yo no soy partidario de la circunscripción en el exterior. Como decía al principio, soy partidario de que los que estamos en el exterior ejerzamos nuestro derecho al voto. Por ejemplo, en mi caso, que soy originario de San Salvador, para elegir a las autoridades del país, a los diputados del departamento de San Salvador y a los funcionarios municipales de eso que han llamado hoy San Salvador Centro —que también es una aberración—; pero no elegir diputados del exterior.

Yo conozco gente que anda buscando a qué país irse, porque no quiere regresar a El Salvador. Entonces, no veo cómo van a implementar esto. No está dicho claramente; como todas las cosas, está tan vago que es para que los hermanos Bukele Ortez y los asesores venezolanos puedan decidir qué se va a hacer, porque son ellos los que gobiernan el país.

Pero, además, ¿qué sentido tiene meterlos a una Asamblea que ya no tiene más función que ser legalizadora, entre comillas —porque también esa Asamblea es inconstitucional—, de las decisiones, de las voluntades de la presidencia, que cambian con el tiempo? Es terrible.

SH:  Hay colectivos en el exterior que se están organizando desde la oposición al proyecto de Nayib Bukele; hablo de iniciativas en México, colectivos en España, que ya están creando sus mesas desde el exilio político. ¿Qué espacio de incidencia les ve? ¿Y cómo evitar que ese esfuerzo se desvincule de la realidad del país, estando ellos fuera del territorio?

HD: Creo que pueden tener una gran influencia si hacen una lectura adecuada de la realidad, y si abandonan el resentimiento que varios de mis amigos que están aquí en México tienen por estar en el exterior. La política no se hace desde el resentimiento; la política se hace desde la visión concreta de la realidad. Y creo que, en este momento, así sean gente que tiene pensamiento de derecha democrática o gente que tiene pensamiento de izquierda democrática, lo que tienen que comprender es que la batalla que hay que dar en este momento es por el rescate de la democracia, para que se puedan discutir en El Salvador las distintas posturas políticas de los grupos democráticos.

Creo que pueden tener influencia en el exterior, pero la mayoría de la diáspora está en Estados Unidos, y allá no veo ningún esfuerzo de organización, y están sometidos a una publicidad impresionante del gobierno.  No veo que las condiciones estén dadas para que el esfuerzo externo tenga efectos inmediatos, pero la reconstrucción del país será un esfuerzo de largo plazo. La pérdida total de institucionalidad, la destrucción del aparato del Estado, su conversión en un patrimonio privado, como es en este momento, no se arregla en un día.

SH:   Si bien las fuerzas de oposición tienen claro qué hay que cambiar, no necesariamente tienen muy claro cuál es la ruta para generar esa transición, ni el piso de mínimos para poder hacerlo. Si tuviera que puntualizar una agenda para un proceso de transición democrática, ¿cuáles serían sus puntos?

HD:  La primera cosa es lo que dije antes: que la política no debe hacerse a partir de resentimientos y de condenas, sino del análisis de la realidad. Y, primero, entender por qué esa realidad no está de acuerdo con mi visión. Tengo el absoluto derecho de tener una visión distinta de la del contrario, y no por eso es mi enemigo. Y también, entre los que se suponen demócratas, hay una visión de contrincantes más que de ciudadanos que tienen ideas diferentes y que le ofrecen a la población respuestas diferentes a los problemas que tiene. Segundo: tiene que elaborar un conjunto de propuestas frente a los problemas reales que vive la población y transmitírselo a la población. Utilizar los instrumentos actuales, pero también los instrumentos antiguos que usamos en los años 60, de ir y conversar con la gente —en un momento mucho más difícil que entonces, porque un efecto que han tenido las redes sociales es el privilegio de la individualización sobre la socialización—. Y transmitirle a la gente el sentido de que el Estado es propiedad de la gente y no de quien lo conduce. Creo que alguna gente lo ha aprendido en las cooperativas de ahorro y crédito, que no se sintieron propietarias de la cooperativa y dejaron que otros hicieran tropelías. Es lo mismo que está pasando en el Estado. El Estado es de nosotros; no es de quienes lo conducen. Quienes lo conducen son nuestros empleados, que nos tienen que rendir cuentas. Eso debe transmitir la oposición.

Si no logra transmitírselo a la gente, no va a lograr que la gente abandone esa fe —no es respaldo, es fe— en que esto sí tiene una respuesta para mi problema: “que hagan lo que quieran, por los medios que quieran, que violen todas las leyes que quieran, que pacten con las pandillas si eso acaba con la violencia; no importa si sacaron al Crook de la cárcel”.

El otro día, en un programa de un periódico digital, en un video en YouTube, preguntaban: ¿qué se hizo Osiris Luna? Tiene más de un año desaparecido. A la gente eso no le interesa. Nos interesará a los ciudadanos que nos preocupamos del detalle, porque tenemos conciencia de que el Estado es de nosotros y que nos tienen que rendir cuentas. No es un camino fácil y no es un camino corto.

SH:  Si usted pudiera hablar con un joven que votará por primera vez el próximo año, en febrero, ¿qué le diría en este momento?

HD:  Uf. Mira, primero, que no debe caer en lo que el pensador Yuval Noah Harari dice: que la gente, y sobre todo los jóvenes, se está acostumbrando a las frases fáciles que no profundizan. Él dice que estamos en el imperio de los tontos. A mí me parece muy fuerte su frase. Las cosas no tienen soluciones fáciles; tienen soluciones complejas.

Y hay que decirle a ese joven: usted tiene que reflexionar, mi querido amigo. Leer historia nacional, adquirir una postura política consciente —y no una postura política inconsciente, como la que tienen muchos jóvenes en este momento— y reflexionar antes de tomar una decisión. Tiene que reflexionar sobre la realidad, sobre las concepciones teóricas para resolver los problemas sociales y sobre la acción de quienes pretenden conducir la solución de esos problemas sociales. Te reitero, no es fácil.

Es el proceso que yo viví cuando tenía 19 años, cuando —irresponsablemente— mis compañeros de curso en la Facultad de Ingeniería me metieron a ser candidato; más bien, me impusieron la candidatura a presidente de la facultad, a la que yo me oponía, pero me prohibieron renunciar, y fui electo presidente de la Facultad de Ingeniería. Y, según yo, no tenía postura política. Y me metí a ser aconsejado, entonces, y los consejos que me dieron son los que te estoy dando.

No es fácil. Y que uno puede ser amigo de quienes piensan distinto. Pensar distinto no es ser enemigo. Y que ese que piensa distinto que yo tiene derecho a ser ciudadano; que no debe ser acusado, porque piensa distinto que yo, de ser lavador de dinero o de tener enriquecimiento ilícito, como está pasando con la gente que piensa distinto de este gobierno —en cuenta yo, ¿verdad?—. Y que las diferencias tienen que ser explicadas: se discute con explicaciones, no con condenas.

Y lo que decía al principio no es que uno odie al que piensa o actúa distinto de lo que yo pienso. No, solo porque yo rezo el Padre Nuestro todos los días. Y el Padre Nuestro dice que todos somos hermanos, en el fondo, y perdona nuestras deudas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Y el cristianismo supone que somos hermanos todos, hijos del mismo Dios, con la misma dignidad de ser hijos de Dios. Entonces, respetarnos en la diferencia. Pero hay cosas en las que coincidimos: trabajemos juntos y mantengamos las otras diferencias.

Y, en este momento, lo que nos debe unir es recuperar el Estado como propiedad de los ciudadanos, lo que significa ser consciente de que soy ciudadano y no súbdito. Y tener conciencia de que hay que reconstruir la institucionalidad del país, en todo sentido, porque la institucionalidad del país está absolutamente destruida. 

Esta es la segunda parte de la entrevista con Héctor Dada Hirezi, economista y político salvadoreño. Leé la primera entrega en este enlace:

0 Comentarios