Walter Béneke y la primavera de la cultura en El Salvador

Por Alejandro Córdova

Esta es la segunda entrega de una serie de textos hacia una memoria de la gestión pública de las artes y la cultura en El Salvador. Pretendo compartir lo que sé sobre algunos momentos intempestivos de la historia reciente del país en los que las artes y la cultura cobraron relevancia, como un avispero que pierde la calma. En esta ocasión contaré la historia de Walter Béneke, el gran iconoclasta de los años sesenta. 

1.      La importancia de las buenas amistades

Cuando Walter Béneke conoció a Fidel Sánchez Hernández en Madrid, ninguno de los dos sabía que Fidel llegaría a ser presidente de El Salvador en 1967. Ambos vivían en Europa y eran los años cincuenta. Béneke, de padre alemán y madre salvadoreña, estudiaba ciencias políticas y economía en la Universidad Central de Madrid. Fidel Sánchez Hernández, nacido en Morazán, realizaba sus estudios militares. Se hicieron amigos.

Muchos años después, ya siendo un General de las Fuerzas Armadas, Fidel Sánchez Hernández participó en las elecciones por el Partido de Conciliación Nacional (PCN), resultando vencedor. Al asumir la presidencia, Fidel recordó la amistad con Béneke de antaño, y se vio atraído por su exitosa carrera diplomática. Béneke había sido funcionario de la Embajada de El Salvador en Japón (1961-1966), había escrito dos obras de teatro de corte existencialista y estaba obsesionado con la televisión.

Béneke fue puesto a cargo del Ministerio de Educación en 1967. El triunfo de Fidel representaba una continuidad en los gobiernos militares, no una ruptura. Béneke parecía ser útil para la agenda militar. Y Fidel le encomendó una tarea muy importante: diseñar e implementar la reforma educativa más ambiciosa de la historia de la República. Había que reorganizar la administración del Ministerio, diversificar los planes de estudio en relación a las necesidades del mercado laboral e implementar la televisión educativa en los salones de clase.

A Béneke la idea de la televisión en las aulas se le había ocurrido mucho antes. En 1963, la empresa japonesa de radiodifusión pública Nippon Hōsō Kyōkai, conocida también por sus siglas NHK, reveló resultados de un estudio que comprobaba que era factible invertir dinero en El Salvador para implementar televisores como herramienta educativa del mismo modo que lo hicieron las escuelas japonesas. Este suceso era resultado de la excelente gestión diplomática de Béneke, el embajador carismático. Este fue su proyecto.  

En 1964, Béneke consiguió crear un Departamento de Televisión Educativa, pero tenía poco presupuesto y no era prioridad de ningún Ministerio. Por lo que tuvo que jugar mejor sus cartas. En 1966, dejó de ser embajador y se convirtió en accionista de NHK, para volver a El Salvador e implementar su sueño. Al asumir como Ministro de Educación, y con el aval del presidente de la República, Walter podía hacer prácticamente lo que él quisiera. Y algo así hizo. En cuestión de dos años, Béneke había conseguido incrementar el presupuesto de Educación a niveles históricos. 

El estudio de Knut Walter Las políticas culturales del Estado salvadoreño (1912-2012), disponible aquí resalta:

En el informe que rindió en 1969, Béneke subrayó el incremento de lo asignado a Educación, que pasó de 49,146,800 colones en 1967 a 63,578,220 colones en 1969, un incremento del 31 por ciento; en términos relativos, el gasto en 1967 representó un 28.8 por ciento del presupuesto total del Estado y en 1969 un 32.8 por ciento, la proporción más alta en un año determinado dedicada a la educación pública en la historia del país.

Y con el presupuesto necesario, Walter Béneke podía echar a andar la primavera. La televisión educativa era casi una realidad. Y diversificar los bachilleratos le permitía renovar la formación media salvadoreña, incluidas las artes. En sus manos, estaba el rumbo de la educación y la cultura en El Salvador. Se había convertido en la cabeza del proyecto de modernización de la cultura salvadoreña.

2.      La modernización autoritaria o te modernizo a punta de fusil

La Reforma Educativa fue un proceso de cambio social integral bajo una lógica de modernización autoritaria, término acuñado por el investigador Roberto Turcios en su libro Autoritarismo y modernización (2003); ello quiere decir que la Reforma Educativa formaba parte de un gran proyecto nacional de modernización dirigido por las cúpulas militares.

Héctor Lindo-Fuentes y Erick Ching, en su libro Modernizing Minds in El Salvador: Education Reform and the Cold War, 1960-1980, describen:

“En los años 1960 y 1970, el régimen militar reinante de El Salvador instituyó una serie de reformas que buscaban modernizar el país y socavar el radicalismo ideológico, la más ambiciosa fue una iniciativa de educación. Fue multifacética, pero su componente más controvertido fue el uso de televisores en las aulas. Lanzado en 1968 y duró hasta la víspera de la guerra civil en la década de 1970, la reforma dio lugar a grandes cambios cuyas consecuencias aún permanecen vigentes” (2012, pág. 3).

Hablemos primero de modernidad y modernización.

La modernidad es un ideal que recoge, a la vez, el progreso material y la aspiración a un orden social regido por la razón. Como todo ideal, es inalcanzable. La modernización es el proceso para llegar a la modernidad. La modernización se expresa en procesos específicos tales como: urbanización, industrialización, secularización, racionalización de la política, democratización e intensificación de las comunicaciones. Otro rasgo típico de la modernización es que la cultura se vuelva una función especializada en la sociedad.

En El Salvador del siglo XX, la ejecución de una modernización del Estado fue dirigida por los gobiernos militares. Del libro de Turcios, Autoritarismo y Modernización (2003), destaco lo siguiente:

  • Los regímenes militares en El Salvador no se pueden comprender como un conjunto homogéneo. Consta, más bien, de etapas.
  • El período histórico en el que inicia la modernización en todos los ámbitos de la sociedad es entre 1948 y 1950, con el presidente Oscar Osorio.
  • Durante la década de los cincuenta, la estrategia de modernización se enfocó principalmente en el crecimiento del sector industrial y el impulso por la integración centroamericana.
  • La democracia no funcionaba del todo. El sistema democrático fue convirtiéndose paulatinamente en monopartidista y autoritario.

Centroamérica era considerada el último bastión del feudalismo o caciquismo tradicional, por los altos niveles de exclusión social y la distribución desigual de los recursos. Lindo y Ching (2012, pág. 72) afirman que la modernización educativa, en particular, corría el riesgo de propiciar el comunismo, que se estaba volviendo popular por estas latitudes.

De modo que El Salvador se enfrentó realmente a un proyecto de modernización autoritaria, o, mejor dicho: te modernizo a punta de fusil. Era la alternativa con la que el Estado, con el apoyo financiero y la asistencia técnica de Estados Unidos, controlaba la transición a la modernidad y limitaba la agitación popular hacia el comunismo.

Pero hay procesos históricos que no pueden evitarse. Y el comunismo era otro ideal abstracto en el horizonte. En 1959, aconteció la Revolución Cubana y también se gestaba una revolución en Nicaragua. Quizá las intenciones de Walter Béneke eran buenas. Y los efectos de su trabajo siguen vigentes. Pero la historia está llena de contradicciones. Ricardo Roque Baldovinos (2014) sugiere que esas contradicciones posibilitaron un punto de encuentro entre una política cultural oficial y jóvenes artistas que veían en el trabajo artístico la posibilidad de gestar colectivos revolucionarios.

Ching y Lindo-Fuentes (2012) hablan de una modernización de las mentes o de las almas, lo que justificó el amplio y decidido apoyo oficial a la reforma educativa y a las políticas culturales de Walter Béneke, con la intención de potenciar espacios artísticos como parte de una política mayor, más amplia, que tenía como finalidad crear las condiciones propicias para facilitar una modernización acelerada (Roque Baldovinos, 2014).

3.      La bomba dentro de la casa

La Reforma Educativa es recordada por la Televisión Educativa y también por los bachilleratos diversificados, en especial, el Bachillerato en Artes que tuvo lugar en el Centro Nacional de Artes (CENAR). En el libro Hippies de barranco: Legado de Roberto Salomón al teatro salvadoreño, publicado por Índole Editores en 2016, reuní reflexiones sobre la época desde la voz de quienes protagonizaron dicho proyecto.

Pero en este texto, a manera de conclusión, elegiré reflexionar sobre la relación entre el proyecto de Béneke y la situación social-política que atravesaba El Salvador de esos años. Si estamos hablando de un enorme y complejo proyecto de modernización educativa que contó con los presupuestos adecuados y la voluntad política necesaria, ¿qué pudo haber salido mal? Volviendo a Knut Walter otra vez, dice en su libro:

Por ejemplo, un 45 por ciento de la población era analfabeta y sobrevivía con un ingreso mensual per cápita promedio de 64 colones; otro 43.2 por ciento habría cursado algunos niveles de la primaria, pero sus ingresos no pasaban de 400 colones al mes.

Béneke era reconocido por su carisma y su afilada visión de vanguardia. Su experiencia en Europa y Asia, además de su sensibilidad artística fueron las herramientas ideales para reconocer las fallas del sistema educativo. Su apuesta contemplaba fuertes componentes de dignificación del trabajo y capacitación profesional, claves en la búsqueda de soluciones a los problemas de desigualdad económica.  

Walter Béneke fue asesinado el 27 de abril de 1980. Recibió un disparo en el pecho, afuera de su propia casa. Su asesinato continúa impune y no esclarecido. Algunos textos sugieren que pudo haber sido un asesinato político. Sin embargo, ninguna de las organizaciones de izquierda se atribuyó la autoría. En la década de los setenta, la Reforma Educativa ya contaba con una fuerte oposición, encabezada por el sindicato de maestros, la Asociación Nacional de Docentes de El Salvador, ANDES-21 de junio. Algunas huelgas llegaron a paralizar el país.  

Era 1980. Un mes antes, los Escuadrones de la Muerte asesinaron al Arzobispo Monseñor Óscar Arnulfo Romero. La guerra civil era inminente. Béneke había dejado su trabajo ministerial y sus vínculos con la productora japonesa NHK. En El Diario de Hoy, del 29 de abril de 1980, Enrique Altamirano escribió:

“Podríamos afirmar que muy pocos salvadoreños en esta segunda mitad del siglo veinte han tenido la brillantez, la inteligencia, la inquietud cultural y el patriotismo de nuestro desaparecido amigo Walter Béneke, una víctima más del fanatismo enloquecido que está llevando a esta tierra a un sangriento caos”.

Bibliografía / Lecturas

Arnoletto, E. (2007). Glosario de términos políticos usuales. Recuperado de http://www.eumed.net/dices/listado.php?dic=3

Brunner, J. J. (1997). Espejo Trizado: Ensayos sobre cultura y políticas culturales. Santiago de Chile: Salesianos.

Córdova, D. A. (2016). Hippies de barranco: legado de Roberto Salomón al teatro salvadoreño. San Salvador, El Salvador: Índole Editores

Lindo-Fuentes, H. y Ching, E. (2012). Modernizing Minds in El Salvador: Education Reform and the Cold War, 1960-1980. Albuquerque, EEUU: University of New Mexico Press.

Roque, R. (2014). Comunidades estéticas y colectivos artísticos de vanguardia en El Salvador (1960-1980). Identidades, Año 4 Número 7, págs. 106-138.

Roque Baldovinos, R. (2015). La cultura, La crisis del modelo de modernización autoritaria (1962-1977).  En C. G. López. (Ed.), El Salvador: Historia contemporánea. (págs. 402-419). San Salvador, El Salvador: Editorial Universitaria (Universidad de El Salvador), Fundación MAPFRE

Roque, R. (2013). Estética y política: modernización cultural en El Salvador (1940-1980). Identidades. Recuperado de http://www.uca.edu.sv/letras/investigaciones-item/estetica-y-politica-modernizacion-cultural-en-el-salvador-1940-1980-2/#sthash.CEX53LBx.dpuf

Turcios, R. (2003). Autoritarismo y modernización. El Salvador 1950-1970. San Salvador, El Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos

Walter, K. (2014) Las políticas culturales del Estado salvadoreño (1912-2012) Fundación AccesArte


Alejandro Córdova
El Salvador, 1993. Egresado de la Maestría en Dramaturgia de la Universidad Nacional de las Artes (UNA) en Argentina. Ganador del VI Premio Centroamericano Carátula de Cuento Breve, organizado por el festival Centroamérica Cuenta de Nicaragua. Miembro fundador de la compañía de teatro Proyecto Dioniso. En México, fue autor invitado a la Feria Internacional del Libro en Guadalajara y autor residente de la Universidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey. Licenciado en Comunicación social. Fue asistente de dirección del Teatro Luis Poma. Recibió el título Gran Maestre en Cuento por ganar tres veces los Juegos Florales en la rama de Cuento.

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