¿Por qué decidimos cubrir una elección sin garantías democráticas?

¿Por qué decidimos cubrir una elección sin garantías democráticas?

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¿Por qué decidimos cubrir una elección sin garantías democráticas?

Resumen de la nota

¿Por qué decidimos cubrir una elección sin garantías democráticas?

FOCOS anuncia el inicio de su cobertura especial «Ruta 2027» de cara a las próximas elecciones en El Salvador. Tomamos la decisión editorial de fiscalizar un proceso electoral convocado para el 28 de febrero de 2027 en condiciones de profunda desventaja democrática.

La contienda ocurre en un contexto marcado por la captura de instituciones de control, la presencia de presos políticos y la neutralización de la oposición. Estas decisiones responden al intento de Nayib Bukele de consolidar una nueva reelección presidencial e imponer un mandato extendido hasta 2033.

El análisis advierte que las reglas del juego han sido alteradas para eliminar garantías básicas como la segunda vuelta y modificar los plazos constitucionales. En este escenario, el arbitraje del Tribunal Supremo Electoral queda alineado al proyecto oficialista.

Frente a la consolidación de un modelo autoritario, la cobertura busca fiscalizar el uso de recursos públicos, el acoso a voces críticas y la capacidad de resistencia del movimiento social. El objetivo periodístico es documentar la pérdida del espacio cívico más allá de los discursos de propaganda.

FOCOS asume este trabajo desde el exilio y en medio de severos riesgos a la integridad de la prensa independiente salvadoreña. El compromiso del medio se centra en ofrecer contexto y evidencias sobre cómo se desmantela la institucionalidad democrática en el país.

En 2027 cubriremos una elección que no cumple los estándares mínimos para un proceso democrático. Y lo hacemos, precisamente, porque no los cumple. 

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Este 2026 cumplimos 10 años en FOCOS. Desde hace una década hemos seguido todo tipo de procesos electorales: cubrimos el ascenso de Nayib Bukele en 2019, la llegada de su partido Nuevas Ideas a la Asamblea Legislativa en 2021 y la reelección inconstitucional en 2024. Ahora nos enfrentamos a la decisión de cómo cubrir la elección del próximo 28 de febrero de 2027, que ocurre en condiciones aún más adversas para las voces críticas y bajo reglas aprobadas para inclinar el juego a favor de una nueva reelección presidencial. Unas elecciones con presos políticos, un árbitro electoral capturado y una oposición neutralizada.

¿Qué sentido tiene y cómo se cubren unas elecciones que carecen de competitividad, transparencia y libertad, las tres condiciones que hacen posible un juego electoral justo? Lo hemos hecho antes, incluso cuando las condiciones empeoraron, y esta vez no será distinto. 

Nayib Bukele y su círculo de poder buscan afianzarse en la presidencia por un nuevo periodo a partir del 1 de junio de 2027. La fecha es una novedad. El periodo constitucional es de cinco años, pero desde 2024 Bukele ejerce inconstitucionalmente la investidura presidencial, después de que el poder judicial y los diputados subordinados a él alteraran las reglas que le impedían correr por un nuevo periodo. 

Después de asumir su segundo periodo el 1 de junio de 2024, Bukele debía dejar la presidencia el 30 de mayo de 2029. No será así. El manoseo a la Constitución permitió que Bukele no solo adelantara las elecciones presidenciales a 2027 —sin que exista una justificación con un criterio democrático que la respalde— sino que además extendió el mandato a seis años y eliminó la segunda vuelta, zanjando cualquier debate sobre la legitimidad de la voluntad popular en las urnas. Si Bukele gana el próximo 28 de febrero, el país entero quedará sometido a su voluntad —una vez más— hasta 2033. Esto lo convertirá en el político con más años en el poder, incluso más que Maximiliano Hernández Martínez durante su dictadura.

Entonces, ¿por qué cubrir periodísticamente en estas condiciones? La respuesta para nosotros es evidente: porque el poder nos quiere absortos, inmóviles, sin capacidad de reacción, mientras desmantela las últimas instituciones democráticas para imponer un autoritarismo familiar y corporativo a base de represión y propaganda, mientras la pobreza, la exclusión y el hambre crecen bajo la coartada de la seguridad.

Esa es la razón por la que decidimos cubrir esta elección. No porque sea una votación más, sino porque puede ser la última en la que la institucionalidad derivada de los Acuerdos de Paz resista a la refundación autoritaria de Bukele. Porque es importante documentar cómo la oposición política de El Salvador reacciona —o no— ante el desmoronamiento que ocurre frente a sus narices. Para poder vigilar a un Tribunal Supremo Electoral que está capturado pero que aún así deberá tomar decisiones, resoluciones y procedimientos hasta oficializar los resultados. Porque nos permitirá medir la capacidad de resistencia de las fuerzas democráticas del país: el movimiento social, los sindicatos y otros gremios, ante el cierre casi absoluto del espacio cívico.

Por eso, mientras las condiciones nos dicen que no vale la pena intentarlo, creemos que es cuando más nuestras audiencias necesitan tener a la vista las evidencias de un juego electoral que ha sido amañado por funcionarios públicos serviles a un proyecto político y no al interés general del país; de instituciones que deberían velar por el cumplimiento de las reglas por igual pero que terminan acosando a unos para beneficiar a otros. 

Y lo hacemos sabiendo lo que cuesta. Hacemos este trabajo en un contexto de precarización de nuestra integridad, conscientes de que las frágiles condiciones que sostienen la limitada libertad de nuestro trabajo en El Salvador dependen de cálculos políticos y del humor del mandatario.

Con nuestra cobertura apostamos por revelar patrones, intereses y decisiones que nos ayuden a comprender cómo se impone el autoritarismo. Y en esa ruta, aportar datos, información y contexto que permita a la ciudadanía entender que todo esto ocurre contra el espíritu de la democracia, en un entorno digital cuyos algoritmos y propaganda trabajan para mantenernos distraídos de lo importante.

Por eso cubriremos las elecciones de 2027: no porque el resultado esté en duda, sino porque el cómo se llegó a él —y quién intentó impedir que se conociera— es una de las historias que el poder no controla del todo. Esa es la Ruta 2027.

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